Cuatro años después de que la FAO reconociera a las Montañas de León como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam), aquel supuesto «hito histórico» sigue sin traducirse en beneficios tangibles para los 97 municipios implicados. Lo que se anunció como una oportunidad extraordinaria para impulsar el desarrollo rural, el turismo sostenible y el sector agroalimentario es aún una promesa. La Diputación apenas puede presentar dos iniciativas que todavía no se han materializado, mientras ni siquiera hay una página web oficial del reconocimiento. Resulta difícil justificar semejante lentitud cuando se trata de un territorio especialmente castigado por la despoblación y la falta de oportunidades. Y más preocupante aún es el desconocimiento y el escepticismo de algunos de los ayuntamientos llamados a beneficiarse de este sello internacional. El prestigio de una distinción de la FAO no puede quedarse en discursos grandilocuentes, fotografías institucionales y campañas promocionales. La Diputación debe abandonar la complacencia, acelerar las actuaciones comprometidas y demostrar que aquel reconocimiento puede servir para mejorar la vida de quienes mantienen vivos los pueblos de las Montañas de León.
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