Los datos presentados por Cáritas deben encender todas las alarmas. La organización ha atendido este año en León a seis personas sin hogar más que durante el mismo periodo de 2025. Puede parecer un incremento reducido en términos estadísticos, pero detrás de cada número existe una historia personal marcada por la pérdida de la vivienda, del empleo, de los vínculos familiares o de la propia salud. El sinhogarismo ya no responde únicamente a los perfiles que tradicionalmente se asociaban con la vida en la calle. El elevado precio de los alquileres, la precariedad laboral, los problemas de salud mental, las adicciones y los procesos migratorios están ampliando una realidad que afecta a personas de procedencias y circunstancias muy diferentes. La labor de Cáritas resulta imprescindible, pero no puede sustituir la responsabilidad de las administraciones. León necesita más recursos asistenciales, políticas eficaces de vivienda y una atención específica en materia de salud mental que permita actuar antes de que la exclusión se vuelva irreversible. Disponer de un hogar significa mucho más que tener un techo: supone contar con seguridad, intimidad y un lugar desde el que reconstruir una vida. Que cada vez más personas carezcan de todo ello constituye un fracaso colectivo que la sociedad leonesa no debe acostumbrarse a contemplar.
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