Proteger sin mirar a otro lado

La posible prohibición de redes sociales a menores puede ser otra de sus cortinas de humo, pero es indudable que abre un debate necesario que exige regulación, educación y corresponsabilidad

05/02/2026
 Actualizado a 05/02/2026

La propuesta de limitar el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales ha sido recibida en León con un consenso poco habitual en asuntos educativos. Profesorado y familias coinciden en que el uso precoz e indiscriminado de estas plataformas está teniendo efectos visibles sobre la atención, la autoestima y la salud emocional de niños y adolescentes. No se trata de una alarma puntual, sino de una preocupación acumulada durante años y avalada por la experiencia diaria en aulas y hogares. La regulación llega tarde, pero llega en un momento en el que la ausencia de normas ha convertido el entorno digital en un espacio sin límites claros. La lógica del mercado, la viralidad y el anonimato han impuesto sus reglas, desplazando a la protección del menor a un plano secundario. En ese contexto, la intervención pública no puede interpretarse como censura, sino como una obligación de tutela. Ahora bien, la prohibición por sí sola no resolverá el problema. Ignorar la realidad digital es tan ineficaz como asumirla sin criterio. La clave estará en acompañar cualquier restricción de una educación digital crítica, de herramientas reales de control y de un compromiso activo de los adultos, llamados también a ser ejemplo. Solo así la protección no será un parche, sino una inversión en futuro.

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