La segunda fase del Parador de San Marcos vuelve a retrasarse y, con ella, regresa una sensación demasiado conocida en León: la de que los grandes compromisos del Gobierno siempre encuentran una excusa para no materializarse. Ahora son problemas administrativos, antes fueron nuevos calendarios, cambios de procedimiento o anuncios grandilocuentes que acabaron diluyéndose sin resultados. Suena demasiado a tomadura de pelo como para no serlo. Mientras desde el PSOE nos sigue aportando básicamente fotos, lo preocupante no es únicamente este proyecto. San Marcos se ha convertido en el símbolo de una forma de actuar que los leoneses conocen demasiado bien. Ferrocarril, infraestructuras, integración de Feve, autovías, patrimonio o inversiones turísticas comparten un mismo patrón: promesas reiteradas, fotografías ministeriales, titulares optimistas y una realidad que avanza desesperadamente despacio. Ningún gobierno puede exigir credibilidad cuando los plazos se incumplen sistemáticamente. León necesita menos visitas oficiales y más máquinas trabajando. Porque la paciencia de esta provincia no es infinita y la confianza también se agota cuando los compromisos siempre terminan aplazándose indefinidamente otra vez.
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