León convive con un riesgo que crece a la vista de todos: las tragaperras han vuelto a colonizar nuestros bares –3.532 locales, cien más que hace un año– mientras los casos de ludopatía repuntan, especialmente entre los más jóvenes. La proximidad de estas máquinas convierte cualquier consumición en una puerta abierta al juego compulsivo. Y lo grave es que no hablamos de un fenómeno aislado: Proyecto Hombre alerta de que hasta un 40 % de las personas que atienden en la provincia presentan adicción al juego, muchas veces combinada con alcohol u otras drogas.
El paisaje cotidiano –un bar de barrio, una caña, una máquina parpadeando al fondo– es el caldo de cultivo perfecto para un problema que ya se cobra vidas hipotecadas, ahorros evaporados y familias desgarradas. Mientras las administraciones observan esta ‘buena racha’ del sector, León se encamina hacia una emergencia social. Urge limitar la presencia de máquinas en la hostelería, reforzar la prevención en menores y asumir que la ludopatía no es un vicio, sino una enfermedad que estamos alimentando desde la barra de cualquier bar.