No todas las inversiones necesitan presupuestos millonarios ni grandes inauguraciones para transformar de verdad una ciudad. A veces, rebajar un bordillo, ensanchar una acera, crear un paso de peatones o elevarlo unos centímetros tiene un efecto mucho más inmediato en la vida cotidiana de cientos de personas. El proyecto que prepara el Ayuntamiento de León, con 430.000 euros para actuar en 22 puntos del municipio, pertenece precisamente a esa categoría de obras poco espectaculares, pero enormemente útiles. La accesibilidad debe ser una obligación, no un añadido. Facilitar los desplazamientos de personas con movilidad reducida, mayores, familias con carritos o ciudadanos con discapacidad visual significa construir una ciudad más cómoda para todos. Pero algunas de estas actuaciones aportan además un segundo beneficio igualmente necesario: hacer que los conductores levanten el pie del acelerador. Los pasos elevados, los avances de acera o los itinerarios escolares mejor protegidos no son obstáculos caprichosos, sino herramientas para reducir riesgos allí donde demasiadas veces se conduce por encima de lo razonable. Una ciudad también se mide por estos detalles. Por aquellos proyectos que quizá no cambian su imagen en una fotografía aérea, pero sí consiguen que un niño llegue con más seguridad al colegio, que una persona pueda cruzar una calle sin encontrarse una barrera o que un vehículo tenga que reducir la velocidad antes de alcanzar un paso de peatones.
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