La Sareb vuelve a demostrar que su existencia no solo fue un rescate encubierto a la banca, sino también un lastre persistente para el desarrollo económico. Ocho años después de iniciar los trámites, un proyecto clave para León como es la urbanización del entorno de la vieja azucaera de Santa Elvira, donde se debían unir tradición y vanguardia, sigue atrapado en un laberinto jurídico y administrativo que retrata la desidia de un organismo que costó miles de millones a los españoles. No es un caso aislado, sino el reflejo de un modelo fallido que repite los mismos males: activos bloqueados, inversiones paralizadas y oportunidades que se evaporan. Mientras tanto, la demanda de vivienda crece y las ciudades necesitan suelo listo para generar actividad, empleo y riqueza.La Sareb, concebida para dar salida a los excesos del pasado, se ha convertido en un obstáculo para el futuro. Su inacción no solo retrasa proyectos, sino que perpetúa la ineficiencia estructural que lastra el crecimiento. España no puede permitirse seguir pagando dos veces: primero el rescate y después la parálisis de quienes debían impulsar la recuperación. Urge exigir responsabilidades y activar de una vez los proyectos que llevan años esperando.
Parálisis que cuesta demasiado
La incapacidad de la Sareb para activar suelo estratégico evidencia un modelo fallido que frena inversión, vivienda y crecimiento mientras prolonga los errores del pasado, justo lo contrario a los motivos por los que se creó
28/04/2026
Actualizado a
28/04/2026
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