La espera para reparar un coche este verano en León no es solo consecuencia del aumento de los desplazamientos. Es el reflejo de un problema mucho más profundo, la desaparición progresiva de los profesionales de los oficios. Mecánicos, fontaneros, carpinteros, electricistas o albañiles, trabajadores que hace apenas unas décadas estaban presentes en cada barrio, hoy son cada vez más difíciles de encontrar. El relevo generacional no llega al ritmo que la sociedad necesita. Mientras muchos profesionales se acercan a la jubilación, la FP no siempre responde a las exigencias de un mercado cada vez más tecnológico, mientras que los jóvenes orientan sus expectativas hacia otros sectores. El resultado es una escasez de mano de obra cualificada que ya afecta al día a día de ciudadanos y empresas.
Más allá de las largas listas de espera en los talleres, esta realidad debería invitar a una reflexión colectiva. Revalorizar los oficios, actualizar la formación y dignificar unas profesiones imprescindibles es una necesidad económica, pero también social. Porque cuando falta un mecánico para reparar un coche, un fontanero para resolver una avería o un carpintero para atender un encargo se resiente un sector, pero también se debilita la capacidad de respuesta a una demanda de la sociedad.
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