El buen dato de julio confirma que el aeropuerto de León tiene recorrido, pero también que su futuro no puede depender únicamente de sumar pasajeros en los meses de mayor actividad. La caída acumulada en lo que va de año obliga a mirar más allá y a aprovechar de verdad una infraestructura con posibilidades todavía por explotar. Dos actuaciones aparecen desde hace tiempo sobre la mesa, la terminal de carga y la mejora del ILS. La primera cuenta incluso con el respaldo del tejido empresarial leonés, mientras Aena ha dejado su desarrollo en manos de posibles operadores privados y sin plazos concretos. La segunda resulta igualmente necesaria. León sigue operando con un ILS de nivel I, instalado hace más de dos décadas, mientras la niebla ha obligado ya a desviar vuelos. El aeropuerto ha demostrado que puede crecer. Ahora necesita inversiones que le permitan hacerlo sin seguir desaprovechando su potencial. No parece razonable reclamar más actividad y nuevas rutas sin abordar antes las carencias que condicionan su competitividad. Si León quiere un aeropuerto con futuro, debe dotarlo de las herramientas necesarias para crecer tanto en pasajeros como en mercancías.
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