Pedro Sánchez ha vuelto a hacer lo que tantas veces le ha permitido sobrevivir: tomar la iniciativa cuando sus adversarios todavía estaban calculando su siguiente movimiento. El adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre coge a contrapié al Partido Popular, a Vox y a los socios parlamentarios del Gobierno. Pero en León sorprende incluso a los propios socialistas, perdidos desde hace meses en guerras internas, enfrentamientos personales y luchas por el control de unas candidaturas que ahora tendrán que elaborar a toda prisa. El PSOE leonés no sabe todavía quién manda, quién decide ni qué proyecto puede ofrecer a una provincia a la que el Gobierno ha dedicado muchas palabras y muy pocos resultados.
La experiencia electoral demuestra, además, que en León solo PSOE, PP y Vox parten con posibilidades reales de conseguir representación en el Congreso. La circunscripción, cada vez más debilitada por la pérdida de población, castiga la fragmentación y convierte cualquier candidatura minoritaria en una apuesta extremadamente complicada. La lógica leonesista haría pensar en una alianza entre la Unión del Pueblo Leonés y Coalición por el Bierzo para intentar alcanzar un diputado que defendiera la provincia sin obedecer las órdenes de Madrid. Sin embargo, con los actuales dirigentes bercianistas parece muy difícil alcanzar acuerdos que no terminen pareciéndose demasiado a los postulados de la extrema derecha. Así resulta complicado construir una alternativa provincial seria, transversal y reconocible.
El balance de más de siete años de Gobierno de Sánchez para León es tan pobre que ha conseguido algo que parecía imposible: hacer buena a la Junta. Las promesas se han acumulado mientras las grandes infraestructuras, la conectividad ferroviaria, la industria, el empleo y la lucha contra la despoblación continuaban esperando. León ha servido demasiadas veces como escenario para anuncios y demasiado pocas como destino efectivo de inversiones.
La convocatoria nace, paradójicamente, de la crisis de la vivienda. Es un problema gravísimo en Madrid y en otras grandes ciudades, pero mucho más secundario en León, donde existen dificultades de acceso, aunque no una emergencia comparable. Las 1.500 personas que salieron este fin de semana a las calles lo hicieron también por solidaridad con lo que está ocurriendo en Madrid. Aquí preocupan los alquileres, por supuesto, pero preocupan aún más la falta de trabajo, la marcha de los jóvenes, el deterioro de los servicios y la sensación de abandono. Esas deberían ser las verdaderas elecciones de León. Y si hay algo que los leoneses pueden dar por seguro de cara a la campaña que ya ha comenzado, es que no va a participar esta vez en ningún acto multitudinario José Luis Rodríguez Zapatero. Por lo que sea.
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