Lentejas sobre raíles

Para sorpresa de nadie, el Gobierno prioriza criterios de rentabilidad sobre una infraestructura ya ejecutada y necesaria para la movilidad urbana, como vuelve a demostrar dejándolo fuera de su apuesta por los trenes de hidrógeno

31/03/2026
 Actualizado a 31/03/2026

La integración de Feve en León vuelve a encallar en el mismo argumento que la ha bloqueado durante más de una década: la falta de viajeros. El Gobierno descarta soluciones ferroviarias modernas, incluidas alternativas al diésel como el hidrógeno o las baterías, y se reafirma en una propuesta que reduce el proyecto a un autobús eléctrico sobre una plataforma ya construida. El planteamiento resulta difícil de justificar. No se trata de elegir entre tren o autobús, sino de decidir si se culmina o no una infraestructura que lleva años esperando su puesta en servicio. La caída de usuarios no es causa, sino consecuencia directa de haber dejado incompleto el acceso al centro de la ciudad, privando al sistema de su verdadera utilidad.

Convertir una inversión ferroviaria en un carril para autobuses supone asumir el fracaso sin intentar siquiera revertirlo. Más aún cuando existen tecnologías viables y cuando el propio Ejecutivo impulsa su desarrollo en otras líneas, pero deja fuera a León de esa estrategia. A ello se suma una sensación de agravio comparativo difícil de obviar. Mientras otros territorios sí forman parte de los planes de modernización ferroviaria, aquí se opta por una solución provisional que amenaza con convertirse en definitiva. La integración de Feve no es una cuestión de demanda inmediata, sino de planificación, coherencia y visión de futuro. Lo contrario es perpetuar una anomalía que León lleva demasiado tiempo soportando.

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