El debate sobre política general de la Junta de Castilla y León resultó ayer complemente estéril y lo peor es que eso no ha podido sorprender a nadie. Nadie esperaba lo contrario en un hemiciclo que a lo largo de los últimos años, y ya antes de la llegada de la extrema derecha, se ha convertido en una especie de vertedero de insultos, descalificaciones, macarrismo poco ilustrado y muy pocas propuestas. Aunque, la verdad, quizá fuera mejor que no haya propuestas a escuchar al jefe de la oposición prometer no una sino tres facultades de Medicina. Suena a tomadura de pelo todo lo que pasa en Las Cortes, donde se alimentan egos y se falta al respeto del adversario (sobre todo se falta al respeto del contribuyente) y, desde luego, se escucha poco. El debate sobre el estado de la autonomía, que celebró ayer su primer capítulo, resulta un buen ejemplo de ello, y nadie sabe a ciencia cierta qué buscan nuestros procuradores, más allá de mantenerse en el poder. Anunciar la celebración de un aniversario para dentro de 7 años da la risa, pero sobre todo resulta ofensivo que, con la evidente urgencia de luchar contra la desigualdad que genera esta autonomía, se debata sobre lejanas amnistías.
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