La propuesta de construir un nuevo vial que conecte el polígono de Villadangos con la autopista León-Asturias responde a una necesidad evidente. Es una reclamación lógica, quizá demasiado lógica para unas administraciones que llevan años contemplando el crecimiento del principal enclave logístico de la provincia sin dotarlo de las comunicaciones que exige su éxito. Estamos acostumbrados a que los políticos no escuchen a los ciudadanos y atiendan las demandas empresariales. En este caso, sin embargo, no hacen caso ni a unos ni a otros. Los vecinos soportan la saturación, mientras las empresas reclaman accesos para facilitar el transporte y sostener inversiones, incluida la futura fábrica de drones de Indra. Resulta sangrante que se siga pagando peaje en la AP-71 mientras la carretera entre León y Astorga se vuelve intransitable por el tráfico generado por Villadangos. El éxito del polígono no puede convertirse en un castigo para quienes circulan por la N-120. El nuevo vial aliviaría esa vía, mejoraría la conexión con Asturias y reforzaría la competitividad. No es un lujo ni una ocurrencia: es una infraestructura necesaria que ya llega tarde.
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