La riada que golpeó Manzanedo de Valdueza dejó dos mujeres muertas y una pregunta que las instituciones no pueden sepultar bajo el barro: ¿se hizo todo lo necesario después de los incendios del pasado verano? La tormenta fue extraordinaria, pero los vecinos llevaban meses advirtiendo del peligro generado por un monte arrasado, sin vegetación capaz de sujetar el terreno y con restos susceptibles de ser arrastrados hacia el pueblo. Ahora corresponde a los informes técnicos establecer la cadena de causas y las omisiones. Esos documentos deben hacerse públicos íntegramente, sin versiones parciales, retrasos interesados ni conclusiones cocinadas para eludir culpas. Dos vidas perdidas exigen transparencia y, si hubo imprevisión, responsabilidades. Resulta amargo escuchar ahora llamamientos a la colaboración institucional. Esa coordinación era necesaria antes: para evaluar riesgos, limpiar cauces y laderas, ejecutar medidas preventivas y proteger a los núcleos afectados. Algunas autoridades reclaman unidad mientras otras se apresuran a señalar a la administración contraria. No es tiempo de propaganda ni de cubrir expedientes. Ni por supuesto de fotitos. Es tiempo de explicar qué se sabía, qué se hizo y, sobre todo, qué dejó de hacerse.
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