La agricultura y la ganadería leonesas vuelven a afrontar una campaña condicionada por factores que escapan, en buena medida, al control de los productores. Las sucesivas olas de calor y la sequía estival han reducido hasta en un 40 % una cosecha que, tras las lluvias del invierno, había comenzado con previsiones mucho más favorables.
El balance presentado por Ugal-UPA refleja, además, problemas que van más allá de la climatología. El encarecimiento de carburantes, fertilizantes y plásticos, la presión sobre los precios del cereal y los retrasos administrativos en las ayudas complican todavía más la rentabilidad de unas explotaciones que necesitan estabilidad para garantizar su continuidad.
Especial preocupación genera el relevo generacional. Incorporar jóvenes al campo exige algo más que convocatorias y compromisos: requiere resoluciones ágiles y un marco económico que permita desarrollar un proyecto viable. A ello se suman las dificultades de la ganadería, desde los costes de producción hasta los problemas de recogida de leche o las consecuencias de determinadas enfermedades.
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