Estepa de San Juan es uno de esos pequeños pueblos que hace honor a su nombre. Situado en la estepa soriana del invierno demográfico a su puñado de casas de piedra o le faltan habitantes o le sobran candidatos. Con seis vecinos en el censo, cinco forman parte de las candidaturas a las próximas elecciones municipales del 26 de mayo. Tres concurren en la lista del Partido Popular y dos en la del PSOE. Así que allí, a lomos de las laderas ya reverdecidas de primavera y al margen de una de esas carreteras secundarias de un solo carril ancho y sin arcenes, se libra la más cruenta batalla de la campaña electoral que comienza en unas horas. El culmen de la democracia es Estepa de San Juan, donde el voto de un ciudadano vale todas las circunscripciones y todos los sondeos. No existe el voto útil, ni el conformista, ni el del despecho. Tan solo existe el voto decisivo, el único voto que inclina o equilibra la balanza. No hay ningún ciudadano con más poder que el sexto en discordia de este municipio, guardián solitario de la soberanía misma en la inmensidad de ‘la España vaciada’, aguantando bajo sus hombros el peso de todo el electorado.
Los muros de las viviendas de Estepa de San Juan aun sostienen el bipartidismo. A pesar de eso, es aquí donde más se complica la aritmética de gobierno. Se ríen de la fragmentación de la izquierda y de la derecha, de la necesidad de pactos para una legislatura estable. A mandíbula batiente debieron encontrarles estos días en los que los partidos andan recentrándose para su ampliar su base electoral tras el fracaso de intentar ganar La Moncloa desde los extremos. El ayuntamiento de Estepa de San Juan se gana o se empata, hasta aquí vinieron los expertos para definir una situación de bloqueo político. El dúo socialista trabaja por movilizar al elector ya que la abstención se paga con la derrota y el trío de ‘populares’ seguro que le ofrecen vinos y hasta viajes para que ese hombre o mujer decisivo se aleje de las urnas si no les va a otorgar su confianza.
Con todo, no le envidio. Más bien le compadezco. Que a pesar de no haber vallas, ni banderolas, ni mítines, ni caravanas ruidosas pidiendo el voto… debe vivir la campaña electoral más dura que uno pueda imaginarse. Una revisión de ‘El disputado voto del señor Cayo’ de Delibes pero con todos paisanos, que pillan más cerca y nunca toman la carretera de vuelta. «Nunca el señor Cayo recibió tantas visitas», decía el anciano de la novela y seguro que lo suscribe el votante de Estepa. Ya le veo dos semanas solitario, huidizo y casi eremita por los montes de Soria. Mirando antes de cruzar cada esquina, asomando la cabeza sobre la loma para comprobar que no hay candidatos esperando con sus monsergas. Huye desde un día en que salió a tender la ropa y casualmente la vecina le contó lo importante que sería que siguieran gobernando, «no se puede dejar el pueblo en manos de la inexperiencia, ¿quieres un Sánchez aquí?». «Aquí va a venir», apuntilló. No tardó en moverse el visillo de la casa de al lado y raudos acudieron el resto de vecinos/candidatos ávidos de no perder la oportunidad de convencer al electorado. «Ni caso, es todo escaparate. Debemos seguir avanzando en la buena línea, nuestra gestión nos avala, ¿Qué piensa?». «Que bueno», respondió renegando. Y así se enzarzaron los cinco, en un debate improvisado sin Junta Electoral que tase tiempo ni sorteo de intervenciones.
Discutieron con tanta vehemencia que nadie se percató que el elector decisivo se había deslizado lentamente hacia el interior de su casa. Se siguió escuchando el barullo durante horas. Él regaba las plantas. Ellos ni se hablaban, ni se escuchaban. No cambia tanto entonces la campaña desde la quintaesencia de la democracia.
El disputado voto de Estepa
09/05/2019
Actualizado a
18/09/2019
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