Nos pasamos horas diseñando análisis sesudos de fútbol con explicaciones que no entiende ni quien las pronuncia, cuando, en realidad, todo se resume en una afirmación tan cruda como certera: cuando ganas eres el puto amo y cuando pierdes no vales para nada. Por eso valoro a los profesionales que ejercen con este principio bien asimilado y conviven con él con naturalidad. Tras ganar al Real Madrid Castilla, el siempre espontáneo Mehdi Nafti salió a rueda de prensa a elogiar —y retar a la vez— a los «bebés» de su improvisado centro del campo y a referirse a esta verdad universal: «Si pongo a Vlad y perdemos, ¿qué hubiera pasado?». Pues ya te lo digo yo, Mehdi: que habrías tirado el partido por incompetente. En esa misma línea, el franco-tunecino quiso poner en perspectiva la marcha triunfal de su equipo después de «toda la mierda que tragamos» poco antes: «El primer mes, el calvo a su casa, ¿eh?», espetó. Y así fue: prácticamente nadie le habría dejado comer las uvas en Ponferrada.
El 5 de enero, día después de perder en Bilbao para un balance de solo 1 punto de 15, cuando mi compañero Raúl publicó la primicia de que Nafti tenía crédito hasta el final del mercado —o sea, ¡un mes más!—, los sismógrafos empezaron a detectar un terremoto alrededor de las oficinas de El Toralín. Mejor no reproduzco las reacciones a esa noticia; basta con decir que seguían la línea del principio básico de «cuando pierdes no vales para nada». Esta decisión, a priori sorprendente por suicida, tuvo también una segunda lectura: después de cargarse a Íñigo Vélez, Javi Rey y Fernando Estévez con mayor o menor precipitación —y con mayor o menor nocturnidad y alevosía—, ¿realmente iban a tener paciencia por primera vez pese a que un equipo pensado para el play-off estaba penúltimo? Parecía imposible de creer, pero sucedió: hubo fe.
También en la sala de prensa del Estadio Alfredo Di Stéfano, el propio Nafti aseveró que por entonces creían en lo que hacían, aunque bien es cierto que la Deportiva de sus primeras semanas no se parecía en nada a la actual. Le llevó tiempo encontrar su sistema, sus hombres de confianza, su estilo, y por el camino tiró partidos y recibió un aluvión de críticas. Pero fue consciente del paupérrimo rendimiento y las encajó —más allá de alguna salida del tiesto que también va en la receta de la espontaneidad—. El entrenador fue haciendo camino al andar y, desde aquel 5 de enero hasta este 4 de marzo, ha sumado 22 puntos de 24, ha convertido a la Deportiva en el equipo más en forma del fútbol español, ha firmado un récord de imbatibilidad que sigue creciendo y ha pasado de no valer para nada a ser el puto amo.
Hace dos telediarios pedíamos su cabeza; hoy celebramos su valentía. Y es que, mientras los marcadores sonrían, el resto es literatura barata. Nafti volverá a perder, volverá a no valer para nada, pero mientras tanto, el calvo sigue y es el puto amo.