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Dulces servidumbres

22/10/2026
 Actualizado a 22/10/2026
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(Rasca) Cuando abrimos la puerta de nuevo nos cogió el invierno. Vaya choque. Pero si cuando me fui era el verano lo que anegaba, uno tardío, muy leonés por las noches, pero verano en esencia. Los había que gruñían, les sentaba mal por estas fechas, y a veces por cualquier otras. Empiezo a pensar que el frío es un vicio muy humano, una dulce servidumbre que absorbe, e incluso se ama; que se desea en el ambiente para evitarse unos a otros, la excusa, o en puntuales casos para juntarse en lugares estrechos; acurrucarse de calor. Cuando decidí colocar mi hogar en la casa del pueblo, mi padre me miró con pavor y suficiencia, algo así como «tú qué vas a saber de eso», aunque su boca soltara unas palabras, lo que había era «tú no sabes qué es un manual de supervivencia diaria». Tras casi tres años de aquello, la suficiencia es mía, leonés intensivo, sin calefacción, sintiendo agradables unos 16 grados de sofá. Y empezando a gruñir por el calor gallego.

(Estío) Yo quiero a mis padres, los pobres con ese insoportable calor; a mis abuelos, animalistas de fe, de campo, de los que inculcan; a mi madrina, a mi prima y a parte de mi familia; a mi hermano, que no lo es, pero en realidad (y virtud) sí, a su familia, a su hermano (pequeño saltamontes), a su madre, su abuela y sus tías; a mis mejores amigos, dispuestos a poner el hombro, el alma, los viajes, sus tardes en las mías; a mis amigos, los pasados, los que jodieron, los presentes que sonríen cuando nos vemos, que se apuntan, hacen, hablan y experimentan; a mi gata, conviviente intranquila, hasta a mis gallinas, a la tortuga, a estos paisajes con aires de Roger Deakins, a mis libros, de papel claro; a mi futura pareja, a mis futuros hijos, cuánto los voy a querer, y espero que a mi futuro en general. Quiero y quiero, y usted pensará qué me importará a quién quiere este fútil sujeto, el amor no es el acto que nos importa. Pues eso, Pedro, que nos la refanfinfla. 

(Percibido en la vuelta a aquella casa y de vuelta a esta casa, dominado por la extrañeza que me genera que todo allí siga igual aunque nada sea como aquel igual)

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