Cristina Vega 2

Dudas existenciales

11/11/2025
 Actualizado a 11/11/2025
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A la gente le asquea, le asfixia, el presente y le preocupa el futuro. Ambas cosas quedan reflejadas en la inmensa mayoría de las conversaciones cotidianas que mantenemos. No es para menos.

Los políticos continúan ofreciendo su función de forma ininterrumpida. Un espectáculo grotesco, irritante, en el que se encadenan escándalos de corrupción o batallas ideológicas que merecerían un trofeo a la absurdez. Batallas, eso sí, que siempre terminamos perdiendo los espectadores. Porque se atreven a jugar descaradamente, sin ningún tipo de remordimientos, con nuestra salud, nuestra economía o con nuestra calidad de vida.

Como si en vez de personas fuésemos marionetas que se mueven con los hilos de sus intereses particulares. O meros peones en una partida de ajedrez.

No es que esta forma de actuar sea algo nuevo. Los abusos por parte de quien ostenta el poder y la tendencia a aprovecharse de la posición han existido siempre. Pero la frecuencia con la que sucede y las dimensiones que alcanza son cada vez mayores.

Al menos esa es la sensación que nos transmiten las noticias que nos llegan a diario. Me refiero a temas recurrentes, que siguen sin una solución a pesar de las repetidas quejas y manifestaciones. Las dificultades para acceder a una vivienda, las subidas descontroladas de precios, los recortes en servicios públicos…

Y si tratamos de mirar hacia el futuro, me atrevo a asegurar que no soy la única que no puede ver nada con suficiente claridad. La incertidumbre lo mantiene nublado con los obstáculos y los retos que se plantean.

Es evidente que algo está funcionando mal, otra cuestión es si interesa o no corregirlo.

Y mientras tanto el ambiente se vuelve irrespirable.

Esto último en sentido metafórico y real, que se lo digan a las vacas. O a las gallinas que desde ayer han sido confinadas. Menos carne, menos huevos y más caros.

¿Alguien más piensa que todo esto tiene razones que no son científicas y que habrá quien se beneficie?

¿Qué nos espera, qué nos quedará por ver?

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