Separar las piernas, flexionar las rodillas, levantar la azada por encima de la cabeza y dejarla caer sobre la tierra, el trabajo debe hacerlo el peso del apero, no la fuerza de los brazos. Una vez clavada, tirar del mango hacia ti para levantar el terrón. Así una y otra vez. Levantar, dejar caer, tirar hacia ti. Así una y otra vez por los siglos de los siglos, amén. Cavar forma parte de la historia de la humanidad desde hace doce mil años.
Levantar, dejar caer, tirar hacia ti. Eso hicimos el pasado fin de semana en la Valdería, hoyos para plantar robles y castaños. El paisaje desolador, troncos renegridos, el fuerte viento levantaba nubes de ceniza que se nos metían en los ojos, en los pliegues de la ropa. Ceniza, ceniza. Y nosotros cavábamos, levantar, dejar caer, tirar hacia ti. Mientras cavaba pensaba cómo solo con una herramienta el ser humano ha logrado roturar la tierra entera. También, en mis abuelos labradores. En mi abuelo Aquilino cavando la huerta, su silueta, pantalón negro, boina negra, camisa desabrochada, levantaba la azada, la dejaba caer. Mi abuelo y todas las generaciones de labradores detrás. Cavando y arando en el Páramo y en la ribera del Órbigo.
También pensaba en cómo eso, ese gesto, está a punto de extinguirse. En muchos pueblos de la ribera del Órbigo les han quitado el agua para regar las huertas. El derecho al agua, un derecho universal. Con la modernización de los regadíos y los canales subterráneos, se han vaciado las zayas y los canales, algunos tan antiguos como la historia de nuestra agricultura. Se ha muerto la microfauna, sapos, tritones, ranas; se han secado las paleras y las jaboneras. En Hospital de Órbigo, San Feliz de Órbigo, Moral de Órbigo... Y los abuelos se quedaron sin huerta.
Si quieres huerta tienes que pagar un tubo subterráneo que llegue hasta ahí, la obra, la contribución, ¿qué te crees, que vas a ser un privilegiado que vas a poder usar el agua para tus dos surcos de fréjoles? ¿Eh? Se acabó la agricultura tradicional, ahora la agricultura es una fábrica de producción y hay que exprimirla -a la tierra- al máximo, baños de fertilizantes químicos, baños de pesticidas, extraer, agostar, producir. Cuántas más hectáreas mejor, compro todas las tierras del pueblo y de la comarca, compro las máquinas más grandes, me voy a vivir a Gijón, y toda el agua para mí. Que se muera la tierra, y las huertas, y los viejos que las cuidaban.
Esto, que parece una distopía, no lo es. Existe ese perfil de agricultor, agricultores que no miran por la tierra. Ni por sus vecinos, claro. Mientras cavaba pensaba eso, cada vez que levantaba la azada, pensaba eso. Que nuestro paisaje, labrado durante miles de años, está convirtiéndose en una fábrica y la tierra se está muriendo. Que no podemos permitirlo. Esto también lo pensaba.