Dicen: aquí a lo largo del río Eria hay una franja preciosa con yerba de diez centímetros. Esta frase no tendría la menor importancia, porque por donde pasa el Eria siempre hay una franja preciosa con yerba de diez o más centímetros. Sin embargo, esta frase sí tiene importancia porque por ciertas zonas donde pasa el Eria, ya no rucha la yerba, sino las cenizas. Pero en esta zona, en estas tierras concretas, sí rucha la yerba. Cien personas trabajaron para que así sucediera. Para que sucediera el milagro después del fuego.
Ruchar, ruchare, arruchar. Salir brotes, crecer. Era una palabra que mi padre usaba a menudo, tiene un sonido que recuerda el runrún de la yerba al crecer, si es que lo pudiéramos oír, claro. Pues bien, en las márgenes del Eria a su paso por Pinilla de la Valdería y alrededores ya se escucha ruchar la yerba. Y al lado, en la zona de ceniza, donde no llegaron las manos de los voluntarios, no rucha nada. ‘Nillenta’.
Cuando la gente dice, para qué sirve eso de la asociación Tierras Quemadas de La Bañeza y Comarca, para qué sirve eso de las facenderas, si no damos abasto, si hay kilómetros y kilómetros de orillas quemadas en nuestros ríos. Bah. Mejor quedarse en casa lamentándose. Cuando la gente lo dice, replico: id y mirad. Id y tocad. Porque sí merece la pena. Lo que salvamos hoy, ruchará mañana.
Ruchar, ruchare, arruchar. Este fin de semana volvieron los voluntarios a la facendera en el Eria. Unos cortaban ramas gordas, otras, finas, otros clavaban estacas, otras hacían fajinas, otros venían con rastrillos a extender la paja, otras plantaron encinas. Sin jefes, todos y todas en el mismo plano. Se escuchaban canciones tradicionales leonesas mientras las manos podaban, cavaban, rastrillaban. Alguien trajo un termo de café, y tortillas caseras, hogazas de Castrocontrigo, empanadas de La Bañeza. Había apicultores, estudiantes, profesores, agricultores, ganaderos, ingenieros... Muyeres y homes. De Gijón, de León capital, de La Bañeza, de Jiménez de Jamuz, de Astorga, de la zona del Órbigo, de Valencia de Don Juan, de Pinilla de la Valdería. Trabajaron juntos, la cara tiznada de ceniza, la ropa, negra. Resultado: otro éxito, otra franja que ruchará pronto.
Pero este éxito no surge de la nada. Exige toda una planificación y una logística detrás. Hay que peinar el terreno, ver en qué sectores se puede trabajar. Gestionar la paja que los ganaderos han donado altruistamente. Gestionar el dinero para herramientas que una asociación navarra ha donado también altruistamente. Reunirse, planificar, gestionar. La asociación Tierras Quemadas es pequeña. Y necesita manos. Y necesita mentes pensantes. Con lo poco que hay, se han logrado milagros. Solo un mes después de la primera facendera se ven los resultados. La naturaleza te da eso: si la tratas bien, te lo devuelve con creces. Así que, todos y todas, manos a la obra. A hacer que el campo ruche.