¿Dónde están las mujeres?

07/03/2026
 Actualizado a 07/03/2026
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El despertar feminista se produjo en mi caso tras sonar la alarma que fue la voz de una de mis colegas.Estábamos en su casa, sentadas en el suelo con algún refresco y haciendo lo que fuera que por entonces nos entretuviera. No hacía falta mucho; casi nada. «¿Sabes lo que es el feminismo?», preguntó. «Lo contrario del machismo», estuve por decir. No me dio tiempo. «La lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer», zanjó diligente. Después seguimos a lo nuestro, haciendo cualquiera de las tareas que nos entretuvieran en aquel momento; cuando nada era todavía tan relevante como para ponerse a debatir.

Yo ni siquiera había pensado en que era una niña que acabaría convirtiéndose en una mujer. Esa toma de conciencia me la fue dando el mundo: las miradas, los adjetivos, los juicios y las catalogaciones.Los compañeros de colegio que siempre fueron amigos hasta que un día se volvieron verdugos, arrinconando a las chicas que crecieron más pronto, sobándolas y robándoles la inocencia sin permiso y sin que a nadie pareciera importarle. Me la dio el miedo a ser tan fea o tan guapa, tan alta o tan baja, tan gorda o tan delgada, tan ruidosa o tan silenciosa como para llamar la atención por algo que no fuera lo que dijera. El miedo, también, a abrir la boca para decir lo que pensaba.

Lejos de aquellas fronteras, fuera de aquellas aulas, la vida no es tan distinta. Los agresores ya no ocupan el pupitre de al lado –para algunas sí–, pero de vez en cuando sí acaparan titulares perentorios. El espacio público lo ocupan ellos; estirando las piernas sobre los asientos enfrentados de un vagón y posando los bártulos a tu lado, en un gimnasio vacío, para ir a levantar unas pesas en el otro extremo emitiendo unos ruidos que quieren ser intimidantes. El poder lo tienen ellos: dirigen las empresas y regentan los gobiernos. Hasta se han inventado premios «a la mujer –inserte etiqueta–» que casi siempre entregan hombres. En los que la foto de familia siempre es la misma: un par de nosotras en la masa grande, deforme y trajeada que construyen los cuerpos de todos ellos.

Así que entiendo la lógica de salir a la calle como una forma de postularse contra el machismo tácito que rige el mundo. Lo entiendo tanto como tan poco entiendo las maneras. La fractura que habita un movimiento que te dice cómo tienes que pensar, como si una feminista sólo pudiera ser eso: feminista. Que convoca manifestaciones contrapuestas, lideradas por políticos que lo sacan a relucir cuando les conviene. Políticos de los que echo en falta la mención feminista en esta campaña electoral. 

¿Dónde están las mujeres y dónde está el feminismo? Creo que en la mirada de las niñas y los niños que un día, sentados en el suelo, escucharon a su amiga, a sus abuelas y sus madres e interiorizaron sus palabras para siempre. Que lo hicieron sin prestar demasiada atención, cuando nada era tan relevante como para ponerse a debatir. Haciendo lo que fuera que entonces les entretuviera.

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