Si la justicia y la ley tienen por objeto proteger a las personas y hacer valer sus derechos, esto es el mundo al revés. Y conste que si fuese Juan en vez de Juana diría lo mismo. Entiendo que los plazos están para cumplirlos y que tomarnos la justicia por nuestra mano no es el camino, pero si nadie nos escucha en una situación grave, una emergencia en la que la identidad, la existencia y la dignidad de tres seres humanos incurren en severo riesgo, ¿hay excusas para alegar plazos? ¿Es más importante un plazo o una vida? Me pregunto cómo reaccionarían estos magistrados si Juana aparece, entrega a sus hijos y los niños o ella resultan maltratados. Eso sí, cumplieron la ley, cuyo sentido se perdería en el más absurdo de los limbos.
Juana no debió huir, opina una gran mayoría. Ahora pesa sobre ella una orden de busca y captura y si aparece o la encuentran, se enfrenta a una posible condena de cuatro años de cárcel y su inhabilitación para ejercer la patria potestad sobre sus hijos durante diez años, acusada de retención ilícita de menores. Por eso Arcuri se frota las manos y espera sentado, porque sabe que con una justicia así, sólo es cuestión de tiempo reírse de su víctima.
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