Siempre empeñado en ser la excepción, la nota discordante, el muy católico apostólico De Prada quiso justificar el secuestro de Maduro (XLSemanal, 18/1/26) con el delirante razonamiento de que Trump no es un hipócrita (será la única tara que le falta) porque finalmente reconoció su interés en el petróleo de ese país. Resulta que a un tipo que alentó el asalto al Capitolio, animó a inyectarse lejía en la pandemia y ha sido condenado por 34 delitos, lo vamos a salvar ahora por su franqueza. Ja. Pregunta siempre el doctor Martín V. en la tertulia dominical, cuando etiquetamos a Trump de loco: pero, ¿quema billetes de cien euros? ¿no, verdad? Pues entonces de loco nada, es malvado. No es sólo un fantoche, es un gobernante cesarista; la duda es si ensaya la maldad o le sale naturalmente.
Añadía De Prada, beato pensador, otro silogismo igual de asombroso, y no se pueden retorcer más los argumentos: que las democracias a fin de cuentas son un instrumento de poder de las mayorías, por tanto del más fuerte que impone su voluntad; así que Trump es sólo (textual) un demócrata sin modales. Eso dijo nuestro ancho escritor, olvidando que en democracia las formas son tan importantes como el fondo, y se quedó tan Chesterton.
En fin, lo más fácil es salvar a EE UU y linchar a Chávez y/o a Maduro. Vamos a por lo difícil. La riqueza de los hidrocarburos de Venezuela estaba acaparada por multinacionales y por las élites del país, que son las que se manifiestan ahora en León o en Madrid, donde los mejores pisos, media Castellana, son suyos. Cuando aquellos dirigentes recuperaron la soberanía, emprendieron importantes reformas y políticas sociales (vivienda, empleo, salud, educación) dirigidas a redistribuir su riqueza. Pero llegaron las sanciones del exterior, EE UU y también la Unión Europea, el bloqueo y la asfixia económica. De nuevo el país entró en crisis y lógicamente aquel proyecto, aquellas ambiciosas medidas quedaron inacabadas, truncadas, para desgracia de sus habitantes. La idea del imperio era instaurar un protectorado y desalojar del poder a esos presidentes; sólo lo consiguieron por la fuerza (secuestro; nada de captura). En cambio, sí lograron una crisis profunda que afecta como siempre al pueblo. Vale, nada es tan simple, la historia no es así de breve; el espacio del periódico sí, sólo cabe un esquema.
Ya no es tiempo de hacer geopolítica ficción, pero podemos preguntarnos: ¿qué hubiese pasado si no estrangulan al país y le dejan explotar su riqueza, autogobernarse, decidir su futuro sin injerencias? Nunca lo sabremos ¿quién dice que no se hubiera consolidado allí una democracia modélica, exportable a otros países del entorno? Ni hablar. No podía permitirlo Trump (ni antes Obama, no lo olvidemos) ese gran demócrata para De Prada (algunos tenemos otros ídolos) porque no quieren que haya alternativa, ni intentos siquiera. Han convertido la fuerza, su fuerza, en ley mundial. Eso se llama tiranía, donjuanmanuel. Una calamidad. A no ser que a la larga sirva para abrir los ojos del mundo y luchar por una democracia real.