La SOStenibilidad está gritando auxilio desde cada rincón. La verdad es que busca empaparlo todo por necesidad ya. Porque nos hemos pasado todas las líneas rojas y estamos obligados a echar un pie atrás. Difícil sí, cuando nos hemos acostumbrado a una ciudad del dólar que ahora se presenta como una ciudad del dolor. Cuando cualquier molestia al medio ambiente comía bien de la mano de cualquiera que viera al Bierzo como un territorio a sacrificar. Era fácil la conquista cuando no se miraba más allá de una cartera. Ahora el cielo nos dice que nos hemos pasado, que estamos ardiendo porque no hemos visto acercarse la llama. Ahora toca lanzar ese SOS y rebuscar en la intrahistoria de lo nuestro para llenar de segundas vidas, de reciclajes y no de ataúdes, lo que sigue siendo un vergel natural para vivir.
Aunque el término se talla en mayúsculas en espacios conocidos, donde su traslado es ya una obligación legal, sorprende más tatuar de SOStenibilidad lo pequeño. Y es ahí donde marcamos el paso de la diferencia. Hablar de reutilizar los residuos que deja la uva al obrarse el milagro de su paso a vino para ayudar a curarnos. O del propóleo que nuestra miel mima, como antibiótico y ayuda a nuestra flora intestinal es subir un escalón definitivo en la teoría de las cosas. La innovación es ‘made in Bierzo’.
Tal vez nuestra próxima D.O. Los laboratorios bercianos universitarios ofrecen el más difícil todavía, la resurrección de un producto en otro.
Un «alehoop» digno de aplauso al que le queda solo empapar, como lluvia fina, los bolsillos de los sectores que ya ponen en la balanza lo nuevo y las cifras.
Aunque las investigaciones van de territorio, de futuro, de salida y de encaje, es difícil que todo eso pueda coserse en la misma tela, cuando supone hilar fino cada euro. Pero apodarnos pioneros también es un factor a poner en el plato del lado de lo nuevo.
Tenemos la capacidad de empezar, sacar pecho y esquivar los riesgos con los ojos abiertos. Eso es Bierzo. Pero sobre todo, sabemos lo que es volver a empezar, con morriña pero sin cabecear sobre la nostalgia. Nos ofrecen dar una segunda vida a lo desechable, la metáfora está en la propia propuesta.
A vista de pájaro lo tenemos tan fácil como ir uniendo piezas. La innovación propia se afana en hacer territorio, incluso desde nuestra propia característica de longevidad.
Y es ahora cuando nos estamos escaneando para ver, por primera vez, no dónde se localiza el tumor para llorarlo, sino dónde está el elixir de la prosperidad para replicarlo.