Imagen Juan María García Campal

Divergencias, no equidistancias

28/10/2026
 Actualizado a 28/10/2026
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Alguno de ustedes tiene a veces la sensación de que algunos políticos, de una y otra tendencia,  en sus prédicas se dirigen a nosotros, los electores, como que fuésemos un poco lelos. Yo sí tengo ese barrunto. Quizá sea que, como dice algún amigo –¿a saber lo que dicen los conocidos, distinguidos y saludados–: soy raro.

Y sí, soy raro, lo reconozco. Lo soy hasta en período de campaña pre- y electoral que, somo se sabe, es época en que cada partido o tendencia exige más amenes a sus dogmas y cualquier discrepancia o crítica, por menor que sea, sirve para la retirada de la supuesta o virtual credencial de poseedor de una cualidad ideológica de la que, durante largo tiempo, ha sido acreedor y de la que no ha apostatado aun su apartidismo que no apoliticismo. Sí, soy raro, pues cuando tanto los unos como los otros están, o estuvieron, encantados por sucedidos ocurridos la pasada semana, a mi me parecieron, sobremanera dos de ellos, de una melindrosidad de quita para allá que pringas. Me refiero, por un lado, al desmesurado numerito romántico-festivo-político de Pedro Sánchez y Begoña Gómez en el miting en Fuenlabrada., así como a la vana horterada del lenguaraz Óscar Puente con lo de que el PSOE es el «el partido del amor». ¡Hombre, don Oscar! No se entusiasme tanto. Bonito suena bonito, y hasta un poco jipi, si quiere, pero y políticamente qué, de qué nos sirve a los electores. Lo importante qué es, que la acción pública mejore la vida de las personas, o que la privacidad de las personas mejore lo público. Conque. privadamente, de lo público no se trinque o pepene que dicen en México y algún país de América Central. Porque, de ser esto último lo importante, mucho me temo que se precise un ministerio que nos prescriba marcos de competencia e influencia a cada persona o, como sería el caso más habitual, cada dos, o un superministerio si también se estima la consideración de quienes practiquen el amor abierto o poliamor.

Y en mi rareza, me refiero, por el otro lado, al caso de la televisada corrida del chabacano e irrespetuoso Milei hacia los pasos y brazos de Isabel Ayuso propensos a la acogida, nada que comentar. Los personajes y sus arengas hablan por sí solos, y para mi gusto de sobra o con necedad.

De modo que uno mucho agradecería a los candidatos que ya que las elecciones son cosa de personas mayores de edad, nos traten a los electores como tales, personas adultas. Y conste, nadie se engañe, mis divergencias con unos y otros no son equidistancia.

¡Salud!, y buenos días hagamos.

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