Escribo lejos. Lejos de tambores, cornetas y penitencias, así como de festejos varios para propios y turistas de acá, allá y acullá. Escribo frente al poético río que también por aquí pasa y pronto transmudará su género y ría plena será merced a la plenamar. Escribo, sí, contemplando su encuentro, el abrazo del uno por la otra, el regular cruce de corrientes. Escribo escuchando su extrañado rumor. Y titulo así, ‘Disenso(s)’, este texto, por una íntima y cívica necesidad de incrementar su uso antes de que pase a servir únicamente como equiparación patrimonial o privativa de quien, nada me extrañaría, aun su habitual utilización, parece que mercantilista, no parece muy amigo de disensos ajenos. Y sobre todo, porque pretendo comentar alguno de los muchos disentimientos que arrastro conmigo y sobre los que he cavilado estos días.
Uno: mantengo disenso respecto a la ola reaccionaria contra la aplicación, la semana pasada, de la eutanasia, tras dos años de lucha, a Noelia Castillo. Las afirmaciones, comparaciones y descalificaciones leídas y escuchadas con respecto al voluntario ejercicio del derecho a la eutanasia más me parecieron fruto de una moralina paternalista e hipócrita que de la humana consideración del sufrimiento ajeno, sufrimiento que cualquiera podría imaginar bien si se hubiese molestado en conocer las circunstancias por las que pasó Noelia. Y más cuando, como siempre que se trata el tema del derecho a una muerte digna pregunto: ¿a quién le pertenece mi propia vida? ¿Quién limita, administra o reduce mi soberanía personal sobre ella, sobre mí?, y, sobre todo, ¿en nombre de quién y de qué?
Dos: mantengo disenso respecto a los inexplicables silencios de algunos partidos, sindicatos y corporaciones de vario tipo en relación a la grupal y brutal agresión a una joven transgénero. Tal parece que en sus ideas sobre la convivencia tiene cabida la violencia dependiendo de contra quién se ejerza. Se podrá estar de acuerdo o no con lo transgénero, pero de ahí a mantener silencio cómplice ante la violencia practicada a una persona trans hay un trecho muy sospechoso y temible, de mal augurio.
Tres: mantengo disenso respecto al tolerante silencio reinante en torno al, para mí, sesgo adoctrinador que representa la semana santa con la creciente utilización de niños en tan tradicionales representaciones. ¡Ah!, si son las mismas sotanas que se opusieron a la educación en valores cívicos, democráticos y constitucionales. ¡Milagro! ¡Milagro del embudo!
¡Salud!, y buena semana hagamos.