El viejo teléfono móvil de mi marido se resiste a dejar este mundo. El aparato no va a permitir que el de los Reyes Magos le destrone dejándolo tan solo en un recuerdo, un anacronismo, un cachivache trasnochado. Por dos veces sonó la alarma esta mañana turbando la paz pese a haber sido por dos veces desactivada.
Y al reclamo le acompañó el brillo de la pantalla. Luz persistente, insistente, invasora. Como se ha convertido casi en constante el álbum ‘Lux’ de Rosalía, preñado de canciones con alusiones a referentes místicos en unas letras que trascienden este mundo para abrazar el otro. Búsqueda obsesiva de Dios que aparece como un ‘stalker’, «Detrás de ti voy yo que siempre espero que vengas a mí» y otras veces se derrama en una jaculatoria: «Quién pudiera vivir entre los dos, primero amor al mundo y luego a Dios».
Una Rosalía vestida de blanco con toca cubriéndole casi enteramente el pelo. Semejante a la que eligió de novicia Ainara, la protagonista adolescente de la película ‘los domingos’, que decide finalmente meterse monja después de un tortuoso procedimiento de discernimiento contra la férrea oposición de su tía Maite, a la que responde con serenidad: «rezaré por ti».
La película ha sido galardonada con la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián. Y precisamente en esta ciudad, el día de Nochevieja, resucitaba La Oreja de Van Gogh en su versión primigenia con la vuelta de su antigua ‘mesías’ Amaia Montero presentando su último disco ‘Todos estamos bailando la misma canción’ donde revela: « Yo creo en Dios a mi manera» y «ahí donde muere el orgullo nace la fe». No sé qué pensaría Nietzsche de todo esto cuando en la ‘Gaya Ciencia’ afirmaba que «Dios ha muerto». Y aseguraba esto, no sin cierta preocupación, porque pese a su ateísmo confeso, lo veía como un problema enorme, ya que sin Dios, pensaba, la humanidad quedaba desprovista de un referente, un sistema de valores universal, lo que podía desembocar en un nihilismo, es decir, la sensación de que nada tiene sentido.
Canta Amaia «Hoy estamos aquí y mañana ya no/ En la noche infinita un destello de sol/ Estar vivos es un misterio de ciencia ficción». El misterio de Dios…
También es de ciencia ficción imaginarse, como ha hecho Rosalía en la canción que cierra su álbum, ‘Magnolias’ presenciando su funeral, mientras hace un balance positivo sobre su misión en este mundo entre algarabías de violines y coros que la ven ascender: «Dios desciende y yo asciendo».
Pura mística y misterio, como el de ese misterioso teléfono que se niega a dejarnos descansar en paz.