maximob.jpg

Dios, nosotros y la paz

14/04/2026
 Actualizado a 14/04/2026
Guardar

En pleno siglo veintiuno los seres humanos siguen siendo en parte tan salvajes como en los tiempos primitivos. Probablemente entonces eran más civilizados. Para ser más concretos, hoy día se repite al pie de la letra lo de Caín y Abel. Hay mucha gente buena como Abel, pero si los sucesores de Caín volaran, tal vez no veríamos el sol. Puede que demos la impresión de ser pesimistas, pero es la cruda realidad.

Hace muy pocos días el Papa León XIV convocaba a una vigilia de oración por la paz y muchos nos unimos en la distancia física y en la cercanía espiritual a esta convocatoria. Si ha de haber alguna intención prioritaria en nuestras súplicas, ésta es la de la paz. Pero más de uno pensará: ¿Por qué, si Dios lo puede todo, no hace que haya paz en todo el mundo? La respuesta es muy sencilla. Porque Dios respeta nuestra libertad y somos nosotros los que hemos de esforzarnos en conseguirla. Le pasa un poco lo que a esos padres que quieren que sus hijos se lleven bien, pero que, desobedeciendo los deseos de sus padres, están peleándose continuamente entre ellos. El problema está en que no se quiere escuchar a Dios o no se le hace caso ninguno. Más aún, hay gobernantes que se creen más que Dios, que piensan que pueden utilizar todo su poder para hacer lo que les dé la gana, incluso para hacer daño.

No somos tan ingenuos como para pensar que es fácil hallar una solución, por muy buenas intenciones que se tengan. Entendemos que lo ideal sería el desarme y gastar el dinero en otras cosas que no sea el armamento. Pero basta que haya un loco o dos que se armen hasta los dientes para que no podamos ingenuamente esperar de brazos cruzados a que nos invadan. Ya lo decían los antiguos: «Si vis pacem, para bellum». Si quieres la paz prepárate para la guerra. Es como si los policías y las fuerzas del orden no llevaran el arma, si bien lo ideal sería no tener que usarla nunca. 

Pero lo que es inadmisible es que la posesión de las armas sea un pretexto para la prepotencia o que se use irresponsablemente sin reparar el daño que se puede hacer a personas inocentes. Como ha dicho León XIV, «¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida… Basta un poco de fe, una pizca de fe, queridos hermanos, para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia. Nada puede atarnos a un destino que ya está escrito».

Lo más leído