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El dinero besa, codicia y avaricia se acarician

06/07/2025
 Actualizado a 06/07/2025
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Según Joan Corominas, ‘Dinero’ viene del latín Denarius «moneda de plata que había valido diez ases (derivado de Deni «cada diez», y éste de Decem ‘diez’)». ‘Codicia’ procede del verbo latino ‘cupire’, sinónimo de «desear de forma muy viva» o, en la misma línea de acepción, pero más actualizada: «ambición desmedida de dinero, bienes u otro tipo de riquezas, preponderancia, éxito», etc. ‘Avaricia’, del latín ‘avaritia’, concuerda en su significado, «mutatis mutandis», con codicia.

La codicia es un apetito que semeja al gusto por la manzana prohibida asociada en el Edén a la tentación de Eva sobre Adán; pero que, a juzgar por las condiciones sociales y políticas que hoy vivimos, lo tocante a comer o no comer ha derivado en dinero de tener o no tener. La ambición y el afán desmedido de obtener forman parte del mundo actual, afectando en especial y curiosamente a los que más tienen, a quienes les importa un comino tanto sus congéneres como el medio ambiente. Es por tanto la codicia un vicio o afán que lleva querer acaparar más de lo que se necesita, sin importar las consecuencias perniciosas a que pueda dar lugar. Acumular riqueza suele conllevar diversas acciones contrarias a los principios de comportamiento ético, ya que pueden tener consecuencias negativas para el medio ambiente e incluso para la sociedad en general.

Las personas codiciosas se caracterizan por su egocentrismo y falta de empatía, esa capacidad para identificarse con otra persona y compartir lo que siente. Nunca se sienten satisfechas con lo que tienen, además de requerir satisfacer sus necesidades de forma inmediata. A ello hay que añadir el hecho de que los codiciosos no cuentan con límites en la satisfacción de sus necesidades. Por codicia o afán de dinero un individuo puede cometer delitos, desde estafas hasta robos e incluso asesinatos, si es que de este modo le permite obtener ansiados beneficios económicos, sociales o políticos.

Dejando a un lado el dinero, dos palabras parecen idénticas o similares en su significado: codicia y avaricia. El refrán «la avaricia rompe el saco» significa que la codicia o el deseo desmedido de acumular bienes puede llevar a la pérdida de todo lo que se tiene, incluso a la ruina. Se trata, pues, de vocablos muy próximos en su significado como si fuesen harinas del mismo costal. Aunque tanto en el uno como en el otro predomina el ansia por conseguir algo desmesurado, sin embargo, no todo codicioso es un avaricioso. Según la RAE, la avaricia es el afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas, mientras la codicia es el afán excesivo de riquezas. Son, pues, vicios relacionados, pero con matices. Según la moral cristiana, la codicia puede considerarse un pecado capital, en tanto que la avaricia puede ser considerada un vicio grave. 

Como musicaliza el tango en boca del cantante argentino Alberto Castillo: «Todos queremos más y más y más y mucho más, el pobre quiere más y el rico mucho más y nadie con su suerte se quiere conformar. El que tiene un peso quiere tener dos, el que tiene cinco quiere tener diez, el que tiene veinte busca los cuarenta y el de los cincuenta quiere tener cien. El mundo es interés, el mundo es ambición, pero no hay que olvidarse que uno tiene corazón». Cada vez más de piedra, digo yo. 

Muchos famosos se han pronunciado denunciando cada uno de los dos vocablos: codicia y avaricia, sobre todo por el ansia de dinero. Me quedo con la frase atribuida a Epicuro: «Si quieres ser rico, no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu ‘codicia’». «Poderoso caballero es Don ‘dinero’» es el estribillo de una composición satírica de Francisco de Quevedo. Y la anónima: «La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre, pero el dinero no apaga jamás la ‘avaricia’».

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