Dijo la sartén al cazo: Quítate allá, que me tiznas. Lo decía la Señora Paula a alguno de sus hijos cuando entre ellos se entablaba una discusión que terminaba en insultos. Y añadía: Mira, quién fue a hablar, señalando al que había puesto más alto el listón...
Lo recordaba el cronista a raíz del debate entre los jefes del PSOE y POPULAR a raíz de la desclasificación de los documentos del 23F. E inevitablemente lamentaba haber tenido que envejecer tanto para darse cuenta de que tenía razón Unamuno cuando, en una carta le escribía a Ganivet: Las naciones están destinadas a desaparecer. Pues si los dos más altos representantes del pueblo español se dirigen en ese todo el uno al otro, cómo debemos esperar que se dirijan a nosotros, simples votantes, si nos atreviéramos a decirles a la cara lo que de verdad pensamos de ellos.
Y ya no vale como escusa la guerra civil que perdimos todos y que siguen perdiendo los de siempre. Ni vale que la muerte de Franco fue un tramo demasiado duro del camino a la democracia. Lo que vale es que no debería serlo mismo una discusión entre naciones distintas, con costumbres diferentes, y con historias contrarias, que una discusión entre hermanos, «hijos de la misma madre patria» con todos sus antecedentes y consecuentes.
Y menos mal que uno todavía mantiene vivo el recuerdo de gentes como Antonio Machado, cuya muerte en el exilio recordamos por estas fecha, y de cuya sabiduría intentamos siempre cerca, Y nos referimos naturalmente a aquello de que, en las discusiones, de tantas cabezas españolas una piensa y las otras embisten. Y tampoco nos faltan algunos ingenios nuestros que pretenden sembrar de razones este campo yermo de la política que parece propiedad en exclusiva de los necios.
También nos queda el entretenimiento de averiguar la vida de los nuevos ingenios que van saliendo y que parecen empeñados en superar en imaginación a todos los anteriores sabios que en el mundo han sido, como ese que escribe: La sintaxis entrecortada del invierno. Parecen empeñados en dejar atrás a los ‘Novísimos’ como aquel Gimferrer que nos hablaba de: «Montreux, rosetón de los ópalos lacustres».
Ya sabemos que siempre nos quedará la opción de «marcharnos para seguir pensando» como hizo Chaves Nogales cuando pensó que cualquiera que ganara la guerra, (Franco o Azaña) terminaría siendo un dictador. Lo sabemos pero deseamos olvidarlo, aunque cada vez que asistimos a este tipo de espectáculos, nos den ganas de decirles lo de la Señora Paula a sus hijos: Dijo la sartén al cazo: «quítate allá, que me tiznas».