Fernando Prada

Días de vendimias en la LE-6514

02/09/2026
 Actualizado a 02/09/2026
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España es un pais de grandes vinos muy cotizados en la Isla de Manhattan, San Francisco en California, Vancouver en Canadá, Tokio y Londres por poner cinco sitios reales que tuve la ocasión de conocer, convivir y compartir. Pero el mundo es grande, vamos a acotarlo y llegar a nuestra comunidad CYL e irnos a la carretera N-122 donde probablemente esté uno de los mejores vinos y más caros del mundo el Vega Sicilia, y otros con total competencia con Burdeos, que son los que fijan el precio en el mundo, ya Napoleón III creó en 1885 la histórica clasificación oficial del vino y la Place de Bordeaux es el Wall Street del vino.

Pero debemos seguir acotando el mundo para llegar a nuestra provincia y dentro de ella está el soberbio caldo berciano y, sino, que se lo pregunten a Robert M. Parker. Vamos a ser muy paisanos, nos vamos a la carreta LE-6514, son diecisiete km, comienza en Fontecha con el nombre de Valle de Fontecha o Arroyo de Fontecha –ayuntamiento de Valdevimbre– y termina en Villamañan. No es el Wall Street de nada, todo es una zona de bodegas bajo tierra construidas a pico y pala desde tiempo inmemorial, durante un mes más o menos son las vendimias veinticuatro horas al día.

Era una autentica Vinalia romana como las dedicadas a Júpiter y Venus, el vino se hacía como en la época de Marco Ulpio Trajano, con su viga romana dando vueltas sin fin hasta levantar el canto y aplastar el pastel de uvas con salida del mosto a un depósito y desde allí a la cuba que solía ser de roble francés o americano donde comienza la fermentación alcohólica con su sonido hirviente cautivador. Todo es un espectáculo visual, olfativo y auditivo de primer orden, la sensación es espectacular, pero al final es trabajo y jornal.

El trabajo de lagarero dura todo el mes sin parar, solían venir del entorno y se juntaban con la cuadrilla de vendimiadores, todos trabajan de sol a sol, desayunan sopas de ajo, comen en el campo el cocido diario y al anochecer la cena comunitaria solía ser patatas del páramo con carne, en cazuela de barro, con pimentón de aldeanueva y ajo machacado, todo regado con prieto picudo en jarro de barro, algunos en porrón y muy pocos con gaseosa, había chanzas y bailes, los pueblos de la LE-6514 se llenaba de mozas y mozos que en ocasiones forjaron parejas y amistades para toda la vida. 

Ahora la LE-6514 y la N-122 siguen y seguirán cada una a lo suyo, pero con sus cambios en la industrialización al máximo lo que hizo que la Vinalia romana pasase a ser un espectáculo caro y lujoso –algunas personas pagan por vendimiar un rato y pasear por una viña– tenemos unos caldos estupendos y unos enólogos de primer orden con sus adelantos, la pionera fue la estación de viticultura de Requena (1910), pasó en (1960) a ser escuela de viticultura y enología, es la más antigua de España y referente internacional. Segundo Miñambres, Abundio y German, se juntan en la entrada de la cueva –su Wall Street particular– como les gusta llamar a la bodega y se recrean con un jarro de vino y chicharro de tino, viendo en el alto la inmemorial iglesia de Villibañe –centro neurálgico de la LE-6514– con su torre encima del altar y piensan en el tiempo pasado, que fue distinto y ven ahora como cambia todo muy rápido, les gusta porque ya no es la fuerza bruta la que se utiliza para trabajar, ahora es la ciencia, pero saben que parte de la esencia se terminó, que ellos fueron los últimos pioneros y brindan por su Vinalia particular.

Gracias, artesanos del vino.

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