Marta del Riego Anta 2026

Diamantes y dispersión

26/06/2026
 Actualizado a 26/06/2026
Guardar

Estoy dispersa, hace demasiado calor para pensar con propiedad. Imágenes que vienen y van entre las aspas del ventilador. Pienso en el verdor peligroso de las esmeraldas, en zafiros color mar, en el oro blanco de unas joyas guardadas en la caja fuerte de un expresidente -leonés- y me disperso. Luego pienso en mi madre. Cuando mi padre era secretario del Ayuntamiento de La Bañeza una vez vino un señor con un jamón porque quería conseguir un favor, un cohecho a la antigua usanza. Mi madre, que tenía una forma clara de ver la vida, cogió el jamón, lo tiró por la ventana y abolló el coche del paisano. Eran otros tiempos, tiempos quizá más honestos, desde luego, menos retorcidos.

Luego pienso -estoy dispersa- en ese libro que se acaba de publicar sobre la mujer que fundó ‘Jotdown’, dicen que tenía fobia a la gente y consiguió dirigir una revista de culto sin que nadie la conociera en persona, y entonces se murió y dejó un rastro de misterio detrás que todos quieren aprovechar: libros, documentales, columnas periodísticas. Supongo que a ella le hubiera hecho gracia, pero al mismo tiempo le hubiera horrorizado. Luego pienso en todas las personas honestas, además de mi madre y de mi padre. Pienso que no se merecen esto, que todos los partidos estén corruptos, que cada día entre la UCO en un despacho político o que haya hermanos, esposas, parejas de gobernantes declarando ante un tribunal, que es como declarar ante todas esas personas honestas, y diciendo con la boca grande cosas como no sé de qué me habla, otro día daré las explicaciones pertinentes, ¿4,4 millones de euros de una clínica privada? ¿Un collar de diamantes de Zambia? ¿El primo de mi primo de un primo haciendo todo eso? Bah.

Luego pienso que la directora fantasma de aquella revista le hubiera encantado publicar un tema sobre este asunto, el asunto de las joyas o el de las mascarillas, por ejemplo. Luego veo esos rostros de hombres y mujeres -presuntamente culpables- desfilar ante mí y pienso que todos tienen algo en común. Me quedo pensando. Ah, ya sé, es la misma expresión que pone Pequeño Zar cuando lo pillo en una mentirijilla. O quizá no. Quizá son imaginaciones mías, imaginaciones de una mujer,  a quien su padre le dijo una vez tras una crisis laboral: «Cuando estaba metido en el mundo del agua, con todas las hidroeléctricas rondando, veía pasar esos maletines llenos de billetes delante de mí, hija, sobre todo y lo más importante: se honesta». Son solo dos palabras: ser honestos. Pero qué difícil debe de ser sobrellevarlas. Cuánto pesan. Luego pienso, empieza el verano y pronto estaré junto al río o haciendo mis cuarenta largos en la piscina y esas personas deshonestas se desvanecerán en la calima. Aunque no, cuando regrese en otoño, la expresión de sus rostros pillados en una mentirijilla seguirá ahí. Pero eso lo pensaré luego, a la vuelta, hoy estoy dispersa. 
 

Archivado en
Lo más leído