¡Pobre España,en manos del mi Ramón¡ Cuenta Fulgencio que se lamentaba la madre de aquel hijo suyo que había salido elegido alcalde pedáneo del pueblo en el que, de hombres que se presentaran al cargo, ya solo quedaba él. Y salió elegido. Y juró su cargo. Y la lió. Y menudo folclore.
Y el cronista, tratando de dialogar con el pasado, y leyendo «Las fronteras» de Carolina Sarmiento, se encuentra con esta frase: «Infectado por esa melancolía que impregna el folclore...» (en la página 47) Y, amigo como es del folclore, como enemigo es de la melancolía, se ha puesto a analizar lo que está pasando ahora mismo en España con lo de las elecciones en las que son llamados a votar «los nietos» de aquellos emigrantes a ultramar y que jamás han vivido aquí, entre nosotros.
¿Qué canciones les cantarían aquellos desdichados a sus hijos, y qué aquellos a los suyos que son estos que ahora un tal Sánchez trata de invitar al voto? Y se le ha ocurrido, al cronista, echar mano del «Relato de Babia» de nuestro Luis Mateo en el que recoge algunas coplas atropadas por su padre Don Florentino y que reflejan muy bien una situación parigual. Copiaremos aquí una tomada de «Adelaida Baquero en la Cueta» que cantaban los pastores en el monte, para paliar su soledad: «Ya se han abierto las Cortes / Constituyentes de España,/ y allí están los Diputados / haciéndonos su monarca. / No sé si lo harán de mármol, / o de piedra jaspeada / o tal vez o harán de hueso / cubierto de carne humana, / que según los arquitectos / la obra se hará esmerada./ Y concluye: /Pobre España...que pudiendo ser feliz / siempre será desgraciada/
¡Ay, España, España...en manos del mi Ramón! O del mi Sánchez; o del mi Abascal; o del mi. Rufián... Y eso es lo que nos invita a pensar la situación a aquellos a los que la vida y la edad nos han ido apartando y recluyéndonos en el monte de la desesperanza, donde tratamos de sobrevivir dialogando con el pasado como el pastor que narra sus cuitas en el relato de Luis Mateo: «Yo aquí nací y no conozco más que este rincón; nunca salí ¿y pa qué quiero salir? Aquí somos muy babianos siempre, y siempre estamos en Babia.»
Como escribe Carolina Sarmiento: !Qué difícil erradicar la melancolía. Cánticos que se pegan como sanguijuelas¡ Y que el pasado de muchos de los leoneses no es más que una montaña casi siempre cubierta de nieve. Los nietos vete a saber lo que cantaban...
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