La vejez comienza cuando cuando empiezan a morirse los seres queridos. Si son familiares, por el vínculo emocional; y si son amigos porque igual que les ha pasado a ellos, nos ha podido pasar a nosotros. Morir, morimos muchas veces, cada vez que muere alguien al que amábamos. Desaparecer del todo desapareceremos solo una vez
Las muertes de los amigos son distintas. Es como si parte de la responsabilidad cayera sobre nosotros. Por no haber cuidado de ellos. Por no advertirles: tened cuidado con esto; no fuméis; no trabajéis tanto que luego vais a quedaros dormidos conduciendo; no merece la pena exponerse tanto. Sí, ya sé que es el destino; que contra él nada ha podido hacerse nunca..
Dialoguemos con el destino, entonces. La primera de estas muertes le sobrevino al cronista en la persona de su mejor amigo: Agustín Delgado. El mayor talento, el más completo, el mejor diseñado, el sin defecto alguno. Pero llegó el destino. Implacable. Absurdo. Leal con su mujer y con sus hijos. El sólo se fue. Sin decir adiós. Sin dar a nadie la posibilidad de agarrarle por el brazo hasta rendirlo.
Desde entonces, el destino y el cronista han legado a debatir lo que no está escrito. Pero, no hay acuerdo posible. Un diálogo de sordos. Como el diálogo con el pasado, casi lo mismo. Tu razonas, y él se ríe. Tu te callas, y él te escucha. Escucha tu silencio, y aunque no dijeras nada más en toda tu vida, el sabría lo que estás pensando y te lo reprocharía. El pasado y el destino son iguales. te llaman por el nombre que ellos quieren; te invitan a seguirlos al abismo, te pegan un gran soplido que te eleva por los aires y vas a caer en cualquier sitio. ¡Menudos son ellos! Como para dialogar contigo...
Ahora mismo el cronista acaba de recibir su visita. Carlos Martí Bras, ha muerto. Amigo del Mediterráneo, por él supe que los años 40 (los años del hambre) habían sido mucho más duros en las cortes que en las aldeas. En los barrios de Barcelona, los niños pobres salían a rebuscar en las basuras, buscando peladuras de patatas para cocerlas. Mientras, en la casa de Villacidayo, los abuelos del cronista disponían de toda clase de cereales, verduras, frutas y animales de corral (palomas, gallinas, pavos conejos, cerdos).
Carlos Martí Bras dibujaba, hablando, aquellos sueños que teníamos. Y hasta llegó a formar parte del equipo de insensatos, que en las playas de Mataró, filmaron aquel verso de Agustín Delgado que hablaba de «lo que arroja el mar» y que nunca supimos lo que era.
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