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Diálogos con el pasado - 2

21/09/2026
 Actualizado a 21/09/2026
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Si hay un tiempo propicio a la reflexión sobre lo distinto que es vivir en una ciudad o en una aldea es este del final del verano, cuando la mayoría regresa de sus vacaciones, tras un corto tiempo de convivencia con, familia o no, campesinos anclados en un mundo cada vez menos habitual. (La «España vaciada» al común decir)

Este cronista, entretenido en la lectura de «Biografía del silencio» de Pablo Dors, en el que afirma que «El hombre empieza a vivir en la medida en que deja de soñar consigo mismo» hace tiempo que debe estar viviendo porque de quien menos necesita  es de «sí mismo». Por eso, y por haber nacido en una  aldea y haber vivido en ella la niñez y la juventud, vuelve a menudo sobre la eterna diatriba de la corte y la aldea que tan bien dibujó el obispo de Mondoñedo, Don Antonio de Guevara, en su afamado libro de 1539 «Menosprecio de la corte y alabanza de la aldea»

Qué curiosas semejanzas de aquellos tiempos y estos. 

Un capítulo se titula: «Que en las cortes de los príncipes todos dicen haremos, pero ninguno dice hagamos» Y no puede uno menos de aplicar el cuento a la situación que estamos viviendo ahora en Ceuta, con los marroquíes, inmigrantes ilegales, campando a sus anchas por la ciudad y cercenando los derechos de los nativos sin que nadie de «los que puedan hacer que hagan» (recuérdese el dicho del desdichado aquel Aznar, expresidente de gobierno) hayan venido a cumplir como debían.

Pero, volvamos a lo nuestro. Motivado por un comentario del amigo Julio Llamazares, el cronista se ha puesto a compartir la lectura de Dors sobre el silencio, con la de «Las fronteras» de Carolina Sarmiento en el que un nativo que regresa a la aldea dice: «He sido implacable desde que llegué. El paisaje debe recuperarse del todo. 

Que no entren cazadores a la franja, que se retiren los escombros del pueblo,  que vaya desapareciendo todo rastro humano»

A estas alturas, uno, ya entrado en la edad provecta, prefiere derivar la discusión hacia las sebes. Ya saben, esas cercas de las fincas hechas de arbustos y vilortas verdes,  difíciles de ver ya en estos tiempos. Y es que el PSOE le requiere a nuestra Junta que atienda un poco al bienestar de este bien de interés cultural, y claro, los de la Junta se cansan de buscar y no encuentran. Por eso, aquí se da una pista: «Tres años dura una sebe; y tres sebes dura un perro; tres perros dura una caballo; y tres caballos un caballero».
 

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