Fernando Prada

Un día de verano en la ciudad

05/08/2026
 Actualizado a 05/08/2026
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Puente de agosto, la ciudad estaba durmiendo la siesta, solo había ruidos de papelinas, pajas sueltas y trapos sucios dando vueltas en una tolvanera. Camino por la avenida para ver algo de movimiento, estamos en verano, a cuarenta grados a la sombra, con una ola de calor intensa, los bares casi todos cerrados, pensé ir por la Rúa y tomarme una leche helada en el café Granja y de paso comprar yogur natural, pero para ello necesito llevar una botella y así tengo para una temporada. Lo fabrican ellos mismos, tienen hielo perpetuo en unas cuevas y pozos en los altos de la nevera.

Es sábado de un puente largo a mediados de verano, la ciudad está vacía, los habitantes en los pueblos donde son las fiestas patronales y reuniones familiares, otros por el mar Cantábrico y Mediterráneo, pero el calor es insoportable. Lola había salido del trabajo en la corsetería y quería hacer planes para estos tres días de fiesta, para esto contaría con su prima Pili que está esperándola en el reloj, trabaja en una confitería enfrente.

Su ciudad es pequeña, medieval, histórica, burguesita y coqueta con un turismo en alza, se puede pasar bien a falta de ambiente, y los pocos que siempre quedan hacen mucho ruido.

¿Qué hacemos?, decía Lola a su prima Pili, ambas son manolas en Semana Santa muy amigas de Pitita la mujer del abad y en Reyes van en la carroza del Rey Gaspar que suele ser el primo de su amiga Melisa el concejal.

Hacen siempre lo mismo en el verano, van a merendar al río, ponen una manta de cuadros marrones y verdes al lado del agua ya que se está más fresco y saludan a los amigos y conocidos, tienen edad de merecer y cada día hay otras sensaciones que gestionar.

El café Granja todavía no tenía hecho el yogur, pensé no comprar nada y fui a pasear por el centro. En el reloj me encontré a Pili que esperaba a Lola, iban a dar una vuelta y más tarde irían como siempre al río a merendar, poner música en el radiocasete, hablar, contar cosas y ver a los amigos, sería un buen sábado de verano, al anochecer a la discoteca, tomar un refresco, fumar el cigarro semanal, ver y dejarse ver, en fin, postureo.

A eso de la diez pinchaban algo en el Oasis y cenadas irían para casa, tenían que cuidar a su abuela Remedios, era mayor, algo delicada de salud, no salía a la calle y estaba sola. Sus padres estaban en el pueblo en la fiesta patronal y no regresan hasta el lunes, así que la salida será como siempre corta, su abuela es lo prioritario y su amiga Melisa la cuidaba mientras. Me dijeron si quería ir con ellas, acepté, caminamos por el centro y las acompañe a su casa, eran vecinas en la calle Pozo. Esperé en el portal, cogieron el serón con la merienda y bajamos hasta el río, estaba a gusto, será una tarde muy agradable en mi ciudad en verano, calor sofocante y vacía de gente.

Lola y Pili pensaban en las costas, las islas y los hoteles, pero su vida era tan autentica y tranquila que su primer objetivo era cuidar y no dejar sola a su abuela para llevarla al pueblo cuando se ponga bien. De momento la casa del pueblo la abrían como siempre en verano, sus padres Perfecto y Bondad. Este año solo iban a estar el puente de agosto para la procesión de la Virgen el día quince y San Roque, después para León. Tenía que atender a su madre Remedios, es mayor, está delicada y fue la que educó a todos sus hijos y a sus nietas para que vivieran con auténtica felicidad y seguridad para poder disfrutar al verlas crecer y vivir.

A nuestros mayores, que pasen feliz verano. 

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