Tan extendida está esta usurpación política de cualquier símbolo que también se practica a nivel autonómico. La malquerida y artificial Castilla y León lleva casi un cuarto de siglo intentando configurar una identidad propia. Una tarea imposible ante la falta de cariño de varios de los territorios que la componen por un proyecto autonómico que siguen considerando ajeno e impuesto. Sin embargo es realmente llamativo que desde las fuerzas políticas que se consideran autonomistas también se contribuya activamente a la destrucción de esa identidad inexistente en vez de trabajar conjuntamente por un horizonte de convivencia orgulloso de pertenecer a una tierra exuberante en patrimonio, naturaleza e historia.
El PSOE y los sindicatos abanderan un nuevo manifiesto de Villalar excluyente. Un texto contra la coalición de gobierno en Castilla y León que incluso en su presentación ha pedido no votar al PP en las próximas citas electorales. La fiesta de Villalar emergió desde la izquierda y aguantó la represión durante mucho tiempo. Pero desde 1978 había existido un esfuerzo conjunto y progresivo por convertirla en ese símbolo común necesario. La demolición de cualquier puente para recuperar un Villalar compartido supone más una victoria del Vox destructor que de una izquierda miope empeñada en lamerse sus propias banderas.
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