Imagen Juan María García Campal

¿Despido ante su ineptitud?

02/03/2016
 Actualizado a 18/09/2019
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Escribo cuando aún los discurseros de mayor predicamento político no se han apropiado de la alcachofa versus soberanía nacional; cuando aún andan con notas de cortejo y desaire. Toda una sesión más del teatro o espectáculo del hacer romántico, si no mesiánico, de la partidista política española tan impregnada de sectarismo. Qué raigambre tiene en este país el intransigente «o conmigo o contra mí» y qué infantilismo de patio de colegio a la vez –si juega él, yo no juego y la pelota es mía– mientras el común de jugadores se queda con ganas, de entrenar, de mejorar, de recrear, que esa es la función del patio, como la función del Estado y sus sucesivos e interinos gobiernos es o debería ser, creo, el mejor vivir de la ciudadanía que lo sustenta con su trabajo cuando no con su orfandad o abandono por su parte.

Me sorprende de este guirigay que, después de que el 73.75% de los leoneses, provincianos nosotros, hubiéramos votado, ya hace más de dos meses, apenas sepamos qué piensan nuestros elegidos –representantes a título honorario, y electos a título privativo– de la actual situación. Ninguno ha ido más allá de su amén a la prédica de su carismático líder o a repetir fielmente el argumentario del día. ¿Carecerán todos ellos de una mínima idea o criterio propio? ¿Será que, pasada la jornada electoral y recibidos los votos, ya no se deben a sus electores, sino a la adhesión inquebrantable, tipo Plaza de Oriente, al jefe nacional de esa su cosa que pretenden ‘nostra’, todo sea por una mayor seguridad en su interino empleo? ¿No creen ustedes que una serie de ciudadanos normales, sin grandes aspiraciones ni intereses, ya habrían o habríamos sido capaces de ponernos de acuerdo en un mínimo programa de gobierno, benefactor para la mayoría, con el que todos mejorásemos aun teniendo que renunciar a parte de nuestras soluciones, ninguna de ellas dogma de fe?

Viendo cómo los partidos surgidos de ‘la calle’ se acaban comportando igual que los históricos, ¿no se debería recuperar la reivindicaciónde las listas abiertas, con las que poder así elegir a los conciudadanos, independientes o de partido, que más sensatos, libres y con capacidad y criterio propio nos parezcan? Es más, como depositarios, propietarios constitucionales de la soberanía nacional ¿no se debería despedir ya e inhabilitar para próximas elecciones a estos electos, líderes y séquitos, que llevan meses mostrándose ineptos para cumplir la primera de sus tareas?, ¿o no hay que rebajar tan elevado coste social?

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