16/08/2025
 Actualizado a 16/08/2025
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Arde España. Este agosto infernal ha acabado con parte de nuestro patrimonio nacional, puesto que el fuego arrasó el paisaje romano más antiguo de la península ibérica y también se quemó parte de la mezquita-catedral de Córdoba. Ardió Madrid, arden Tarifa, Cádiz, Orense. Zamora arde y León se abrasa como nunca en su historia. 

Todas las llamas duelen, pero permítanme que hoy mis lágrimas se derramen por una tierra que siempre he amado y en la que estuve hace 15 días disfrutando de su impagable belleza: El Bierzo. 

Las minas de oro se han salvado, pero los pueblos y toda la vegetación que rodea Las Médulas se han calcinado por completo. Vecinos de la zona se han quedado sin casa, sin matria, sin paisaje de infancia y memoria. Lenguas de fuego han arrasado su vida.

La España olvidada, la España vacía, la España castigada y condenada al abandono es la que más está sufriendo. El fuego termina de robarles su futuro. 
Se cerraron sus minas, se cercenó la agricultura, la ganadería, quedaba el turismo y ahora, ¿qué? ¿Cómo se levantará esta tierra guerrera y valiente? ¿Cómo podemos mirarnos al espejo si no somos capaces de proteger nuestro patrimonio más valioso y querido?

Algunos incendios de los doce que se mantienen activos mientras escribo esta columna, se produjeron por causas naturales, otros están siendo investigados.

Un amigo me dijo hace poco que los españoles tenemos en nuestros políticos el reflejo de lo que somos. Aprecio a mi amigo A., pero quiero pensar que no nos merecemos tanto dolor, tanta desidia, tanta desfachatez. Es lógico que tengamos que convivir con su falta de previsión y sus gestiones nefastas porque no exigimos, no salimos a la calle, no nos ponemos en pie ni nos convertimos en clamor para reclamar gestores eficientes y honestos, ese es nuestro error. Nos dejamos manipular, nos enfrentamos en vez de unirnos. Ahora queda esperar a que las llamas se apaguen y no abrir la puerta, jamás, al olvido.
 

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