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Desempolvando las pancartas

20/10/2026
 Actualizado a 20/10/2026
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Aunque parezca increíble, para dentro de muy poco, en vísperas de las elecciones generales, los sindicatos han decidido convocar una huelga general contra la oposición. Realmente es algo insólito y no tenemos noticia de que haya ocurrido nada parecido, ni siquiera en el país más bananero del mundo. Se entiende, pues, que los señores sindicalistas comenzarán a sacar del armario las correspondientes pancartas, necesariamente empolvadas, tras ocho años de desuso.

Si la manifestación es contra el gobierno actual, no tiene sentido que convocarla al final de un largo mandato de dos lustros, pues se supone que habrán tenido muchas ocasiones y razones para protestar y no lo hicieron. A buenas horas. Si se convoca contra la oposición, la huelga no tiene razón ser hasta que lleguen a gobernar, si es que llegan. Habrá que darles alguna oportunidad para poder evaluar lo que hagan o dejen de hacer.

Entiendo que los sindicalistas hagan suya la expresión: «Es de bien nacidos ser agradecidos». Tienen mucho que agradecer al actual gobierno y se entiende que estén deseando con toda su alma que vuelvan a gobernar. Pero parece demasiado descarado lo que pretenden. Además, habida cuenta de que en breve podremos ir a las urnas, nada mejor que el voto de los españoles para manifestar lo que piensan. Sin duda es un criterio mucho más auténtico que la participación en una huelga o en una manifestación. Decía hace poco el Presidente del Gobierno que lo importante no es lo que diga el Parlamento, sino lo que diga el pueblo. Olvida que el Parlamento es elegido por el pueblo. Pues bien, esperemos ahora a que el pueblo hable dentro de unas semanas. Se dice que uno de las principales razones de esta protesta es por el tema de la vivienda. Pero, ¿acaso este problema no lleva existiendo ya varios años? ¿Se va a solucionar por el hecho de que a lo largo de un día nadie vaya a trabajar? Y ¿después qué? Después todo sigue igual. Lo que importa es que los que gobiernen, o mejor todos los partidos, se reúnan y se pongan de acuerdo  para afrontar con realismo las oportunas soluciones. 

En este momento no hace falta ninguna huelga para que se tome conciencia de la necesidad de buscar un remedio. En víspera de unas elecciones tampoco tiene sentido ocupar las calles y menos con violencia. No sabemos quién gobernará en la próxima legislatura, pero lo que no parece de recibo es que quienes queden en la oposición no sepan perder y no asuman la derrota y recurran a la violencia callejera.
 

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