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‘Descubriendo a Forrester’

31/03/2026
 Actualizado a 31/03/2026
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William Forrester, ‘El ventana’, un escritor de un solo libro que no sale de su casa y que con 23 años ganó el Pulitzer –está retratando a Salinger, autor de ‘El guardián entre el centeno’– conoce a Jamal Wallace, un chico de 16 años del Bronx con un don extraordinario para la escritura. A su vejez –Sean Connery lo borda–, entabla una relación de amistad sincera que enternece: haciendo de padre, anima al joven Wallace a cumplir sus sueños buscando la excelencia.

Si es con la escritura como realmente comienza a entretejerse el vínculo –«Escribe 5000 palabras de por qué tienes que estar lejos de mi casa»–, es precisamente escribiendo por las tardes en el apartamento de Forrester como se van conociendo: «Por el amor de Dios, golpea las teclas… ¡Así, eso es, ahora mandas tú!».

Poco a poco, y al hilo de lo que le va sucediendo a Jamal en su nuevo colegio privado, el maestro se desvela y da consejos de escritura que parecen muy certeros: «No se piensa, eso viene luego. Escribe tu primer borrador con el corazón y reescríbelo con la cabeza. La primera clave de la escritura es escribir, no pensar. A veces, el ritmo del tecleo nos conduce del folio primero al segundo y si empiezas a sentir tus propias palabras, teclea y no pares». Frases que recuerdan el viejo mantra de tantos escritores: «Escribir es reescribir». Primero manda el corazón, luego la cabeza. Como en la vida misma.

También, de manera poco sutil, se crítica a ese profesor que no vio publicada su primera y única obra y que en vez de seguir escribiendo se dedica a enseñar a escribir. Y a los críticos literarios que solo hacen que «decir memeces de lo que realmente el escritor quiere decir».

Se habla del porqué de la escritura – «La gente adora tu libro», le dice Jamal. «No escribí para ellos», le contesta Wallace– y de cultivar el don: esa despedida en la que es el alumno quien da un último consejo al maestro: «No dejes de escribir».

Jamal, a diferencia de Holden Caulfield –protagonista de ‘El guardián entre el centeno’– no es un adolescente rebelde, inadaptado e inmaduro. Aunque sí dotado de gran perspicacia. Y, ambos, y eso es la adolescencia, no saben lo que quieren. Wallace, como Salinger, después del éxito de su única novela se convirtió en un eremita, apartándose del mundo exterior, protegiendo su privacidad y escribiendo historias que nunca publicó.

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