Y es que, ¿quién no ha quedado descompuesto ante tanto vacunado caradura, cuñado bocachancla y vocero lameculos? En este vaivén pandémico, el cierrabares es un aguafiestas. El correcaminos puede ser un cagaprisas y un vivalavirgen el mayor meapilas. En el tocadiscos se ha olvidado un pasodoble y en la sobremesa envejece un aguardiente. Todos nos hemos acostumbrado a vivir en la bocacalle del altibajo, en el sinsabor más agridulce. Nos sentimos absurdos, como un lanzallamas en un cortafuegos. Tan cínicos como un guardabosques con motosierra y tan perdidos como un saltamontes en un rascacielos. Un tanto desmotivados, como un patachula condenado a tuercebotas, y otro tanto fracasados, como el rojiblanco más pierdefinales.
Un rapero pintamonas llena las calles de pasamontañas. No estaría de más algún que otro soplamocos para tanto soplagaitas. El partido del Gobierno vuelve a ser un matasanos vendeburras. El de la oposición, un maricomplejines aburrevacas. Los de morado aspiraron a ser cuentacuentos y se quedaron en perroflautas. Los de verde van de purasange agitabanderas y solo opositan a hazmerreír cascarrabias ¿Ciudadanos? Un sujetavelas que no pasa de pagafantas ¡Menuda sobredosis de cantamañanas! Que se peguen entre ellos por quién hace de soplanucas... y quién de muerdealmohadas.
La gastroenteróloga continúa boquiabierta ante semejante sindiós: el pasado marzo nos fuimos por la pata abajo y en este seguimos descompuestos. Como trotamundos en cierre perimetral. Agarrados a un quitamiedos... esperando un salvavidas. Descompuestos. Por tanta alegría a cuentagotas, por tanto disgusto a quemarropa.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.