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Desastres del berbiquí

20/12/2015
 Actualizado a 09/09/2019
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Ríete tu («rite, rite», que decía Martina) de los debates a dos, a cuatro o a todos los números pares que te salgan del manubrio. Para debate, debate, el de los filósofos en la cantina, ya oscurecido del todo y bajo la mano sabia del pedáneo de Almuzara en la moderación («maceración» le dicen ellos), no como autoridad, que lo es, sino como experto en el tema.

Era el asunto en lo tocante a la cirugía plástica que en las teles de plasma le llaman estética. Como el pedáneo fue el que le estañó el eje a la Duquesa de Alba -después de un casi suicida vuelo sin motor del armario al catre del Cristo Yacente que antes fue funcionario- y le quedó niquelao, tanto que el fallo de la dama le vino por otra tubería que nada tuvo que ver con el estaño; pues eso, que vuelvo al suco que me esnorté, que el pedáneo tenía que dar el dictamen sobre el personal que salía en ‘Corazón corazón’ y otros con posibles de la ruralidad sobre los que recaen las sospechas de tener novedades traseras, delanteras y de medio lado.

- A ver pedáneo, ¿cuántas y cuántos, cuálas y cuálos, están pasadas por el berbiquí?

- Todas y todos; sentenció como habla él, mirando a un punto del horizonte que coincide con la botella de Veterano.

- No me jodas, ¿ésa también?;preguntaron cuando salía una más corneada que José Tomás.

- Todos -insistió-, pero para mal, que el estaño no lo maneja cualquiera.

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