08/01/2026
 Actualizado a 08/01/2026
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Esto de coger vacaciones en diciembre, como los ricos, es la hostia... En estas dos semanas de brazos (casi mejor de dedos) caídos, me ha dado tiempo para pensar en multitud de historias: desde el próximo fin del mundo debido a la arrogancia de los de siempre, hasta las cuitas que suceden en mi pueblo y lugares adyacentes.

Todo, por desgracia, converge a un estado próximo a la paranoia, a la estupidez suprema, al desastre más absoluto. Un ejemplo palpable es lo que sucede si vas a ver un partido de la Cultural al estadio que está pegando al Bernesga: a poco que te fijes, verás que en la publicidad rotatoria aparece una que reza: «Ayuntamiento de Santa Colomba (en lo sucesivo ‘Salta la Comba»), de Curueño». Hace falta ser desahogado para gastarse una pasta gansa en anunciar un municipio que lo único que tiene de particular (y es mucho) son el río y sus riberas...; porque todo lo demás es un páramo yermo de gente, de vacas y de casonas ilustres. Este municipio, que cambia de alcalde como de calzoncillos (y lo que te rondaré, morena), es igualito a otros cientos de esta provincia: está vacío de gente y de esperanzas. Por no tener, no tiene ni escuela, porque los pocos niños que viven en él tienen que desplazarse a Vegas o a La Vecilla para poder asistir a clase. Aun así, su actual alcalde, llevado por un fervor irracional hacia el equipo de fútbol de la capital, se gasta, como dije, una pasta en anunciar... el vacío, como si fuera una empresa boyante o subvencionada. El único que ganará con este despilfarro es el bar de Barrio de Nuestra Señora, ‘El Curueño’, al que, por cierto, no le hace falta ninguna la agitación y propaganda para estar lleno a la hora del café y de las comidas del mediodía... Pero ya sabemos cómo son los alcaldes, y más de ayuntamientos pequeños: se creen que son califas o emires de un reino de taifas y que tiene todo el derecho de hacer lo que le dé la real gana, que para eso los ha «elegido» el pueblo. Son, no lo dudéis, las clásicas insidias de la democracia, esa quimera... Lo que a nivel global son las elites multimillonarias, en los pueblos ejercen de tal los que mandan, o sea, los alcaldes, los concejales o los presidentes de la junta vecinal. ¡Qué más quisieran! Esta gente, debería saberlo, no son más que ‘primus inter pares’, porque, al final, su poder es ficticio, efímero como una nube de verano o de una noche primavera sin sueño.

Que conste que el chivatazo para escribir esto me la dio un vecino de Barrio de Nuestra Señora porque, si no, uno no se hubiera enterado nunca, mayormente porque lo que pasa en ‘Santa La Comba’ me la trae flojísima, y porque, encima, uno es de la Ponferradina, por lo que no piso el campo de la Cultural.

La única noticia que me ha reconciliado con el mundo, con el demonio y con la carne estos días, ha sido que Ángel Jalón (y Raquel) han matado dos gochos que pesaban, entre ambos, algo así como seiscientos kilos. Y digo que es una noticia maravillosa porque son los únicos que todavía hacen la matanza como la hacían nuestros padres y nuestros abuelos: resisten como los numantinos o los lancianos a los romanos actuales, en forma de inteligencia artificial, de medidas represoras europeas y de la comodidad de ir a la carnicería del Puente Villarente o al ‘Busi’ de Boñar y comprar todo hecho. ¡Claro que es mucho más cómodo!, pero, no me lo podéis negar, mucho más impersonal y tan aséptico que casi da asco. Además, tanto Ángel como Raquel me caen de puta madre y los considero, sólo por eso que todavía hacen, unos resistentes, unos ‘Asterix’ y ‘Obelix’ de nuestro tiempo, con todo lo que conlleva.

¡Tanta hostia con el ‘ramo leonés’, con el ‘Húmedo’, con la ‘vieja del monte’ y nos olvidamos de los que hacían nuestros antepasados para subsistir en el invierno y poder llegar a la primavera vivos! Además, estos dos, como Pablo y Alicia, como Rafa, como Ángel Juárez, como el ‘Chopo’, son generosos hasta casi dar asco, porque las comparaciones siempre son odiosas, de acuerdo, pero te hacen sentir a ti y a mí como unos tontos que siempre se aprovechan de los demás..., que no existe peor sensación en el mundo.

Salud y anarquía y, más que nunca, tres cada día.

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