Raúl Barrientos Antón

Demografía en positivo… solo para "torpes"

18/11/2025
 Actualizado a 16/01/2026
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La reciente oleada de optimismo demográfico en la provincia de León, derivada de datos provisionales del INE, merece un análisis paciente y crítico, no eslogan de campaña. Es cierto: según el INE, León registra 448.027 habitantes (+643 desde 2024), lo que significa un ligero crecimiento respecto al año anterior. Pero esa cifra debe ponerse en contexto: León sigue siendo la provincia con uno de los incrementos más modestos de la comunidad, puesto que este crecimiento se traduce en tan solo en el 0,14%, y su vulnerabilidad demográfica no desaparece por un alza puntual. ¿Por qué no aspirar a crecimientos de más del 1% como Burgos, Segovia y Valladolid?, ¿Por qué ese conformismo camuflado de triunfalismo?

Durante décadas, la provincia ha sufrido un declive persistente: según los propios datos del INE, en los últimos diez años ha perdido casi 32.000 habitantes (78.000 desde 1983), a un ritmo de unas nueve personas al día. Este es un dato que ni siquiera el reciente repunte logra borrar: el crecimiento se debe casi exclusivamente a la inmigración, mientras que la población de nacionalidad española desciende (dato estrictamente demográfico). Aquí es donde emerge la responsabilidad política. Alfonso Cendón, secretario general del PSOE en León, ha querido hacer de estos datos provisionales un triunfo de su gestión. Pero su entusiasmo resulta, cuando menos, precipitado y superficial.

Manipular estadísticas tan delicadas para apuntalar una narrativa electoral, cuando la provincia ha perdido miles de habitantes desde la creación de la comunidad autónoma en 1983, demuestra una escasa integridad política. En lugar de reconocer las reivindicaciones históricas de León: autonomistas, sociales y de desarrollo, Cendón parece querer disfrazar una pérdida estructural como una victoria momentánea. Todo esto forma parte ya de una precampaña de dudosa legitimidad, construida sobre lecturas apresuradas y manipuladas de datos provisionales. Se pretende presentar como «avance» lo que apenas es un repunte mínimo, confundiendo al ciudadano y sustituyendo el análisis serio por un relato electoralista que distorsiona la realidad demográfica de León.

Algunos deberían asumir que la clave no está en celebrar estas cifras, sino en comprometerse con políticas reales de retención y revitalización: inversiones, incentivos al emprendimiento, servicios públicos que frenen la emigración juvenil. Solo así podría restaurarse la confianza de una provincia partida entre nostalgia, frustración y esperanza en unos partidos generalistas muy alejados de la realidad. Si no, esta «victoria demográfica» corre el riesgo de quedarse en una jugada de precampaña más que en un verdadero cambio estructural. No todo vale, el engaño y la tergiversación deberían tener y tendrán castigo.

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