Javier Cuesta

Democracia cero

01/07/2025
 Actualizado a 01/07/2025
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Vale, pontificar supone comprimir pero resulta útil para entender de un plumazo. Si decimos que los males políticos hoy se reducen a que el perdedor no asume el resultado, estamos simplificando pero sin falsear nada. Porque esa es la clave, lo comprobamos en todo ámbito en el que vivimos y nos movemos. Es dolencia local, provincial, nacional y hasta en elecciones sindicales. Una mitad (más/menos) no acepta el veredicto de una votación desfavorable: tienen que ganar sin falta, ellos o nadie. Y de ahí deriva la crispación. Los malos modos, la trifulca vecinal.

Esos perdedores intolerantes son cualquier cosa menos demócratas. Ejemplo: algunos tuvimos que tragar ocho años con el triunfo de `josemari´ y sus políticas y sus privatizaciones y sus errores internacionales y sus mentiras del 11M y su bigote customizado y su yak42 y su acento tejano y sus pies encima de la mesa y sus ministros condenados y hasta sus formas matoniles cuando nos reñía en el telediario… No por eso nos exiliamos, ni pusimos nuestro empeño en desestabilizar la democracia. Ahora, él sí se empeña (“el que pueda hacer que haga” significa todo vale y resume esta legislatura) y sus herederos también. Igual hacen los del otro color, en el otro lado ideológico, concejalillos que se olvidan de la rosa y sólo reivindican el puño para atizar a un alcalde legítimamente elegido o que convierten cada pleno en un encanallado capítulo de Pasión de gavilanes. Hoy es improbable que algunos partidos y cargos que sientan sus reales en foros y plenos y que levantan la `vox´ por encima de los otros, superen la prueba de la (palabreja de moda) trazabilidad democrática.

Estamos ante un mal endémico de nuestros días. ¿A qué viene esa intransigencia? Pues quién sabe si tiene mucho que ver que cada uno tengamos a mano el móvil y con ello (así lo creemos) el arma para destruir. Quién sabe. Es tarea para sociólogos, de momento; en el futuro quizá para siquiatras. Pero ya se intuye que móviles, redes (a)sociales y nuevas tecnologías ha generalizado los instintos más primarios: el rencor y la revancha. Los estudios prueban que las emociones negativas y los mensajes de furia son más compartidos y obtienen más `me gusta´. Triste algoritmo.

Es el resultado de no metabolizar un resultado. Perder no implica odiar, disentir no significa enfrentarse. Una oposición debería ser propositiva, no defensiva. Tiene su papel asignado, tan digno y útil como gobernar, que sobre todo consiste en controlar y fiscalizar al que manda y decide. Pero su tarea no es intoxicar ni poner trabas por sistema. Caso A, mal: un concejal atropa un montón de hojas y un puñado de basura y sube fotos al facebook para denunciar suciedad y de paso ensuciar al alcalde. Caso B, bien: un alcalde del Sur de León cuenta que tras cada pleno, después de discutir lo que toque, se va con el concejal líder de la oposición y sus respectivas, los cuatro, a cenar al restaurante del pueblo, algo impensable en otros consistorios. Y sin embargo, esto sería lo natural, lo deseable entre vecinos civilizados ¡y demócratas!

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