Defender León es algo más que pedir la bebida antes que la tapa para no irritar al camarero, es algo más que llorar cuando hay problema y protestar cuando al fin se está solucionando, algo que ocurre incluso cuando no se le puede echar la culpa a Valladolid.
Defender León es entender que la calle Ancha no se puede arreglar sin que en algún momento del año pase a ser la calle Estrecha en lugar de poner el grito en el cielo si se levanta en verano y hacer lo mismo si se opta por San Froilán, por Navidad, por Semana Santa o por San Juan.
Defender León es casi cualquier cosa menos dar la sensación de que estaríamos mejor si nunca se hiciera nada, es evitar parezca mayor drama el retraso de un par de meses en la conclusión del nuevo Conservatorio de Música que la década y media de inacción e ideas estrambóticas antes de empezar a levantarlo.
Defender León es joderse y aguantar el atasco por los nuevos accesos al polígono de Villadangos o los baches por la ampliación del Parque Tecnológico, porque son los únicos proyectos que nos pueden salvar de la hecatombe y de pasar las mañanas criticando el centímetro de desnivel de un adoquín a la espera de ir a tomar el vino.
Defender León es apreciar lo que tenemos a la puerta de casa, eso que tanto añoran y valoran quienes tuvieron que marchar y solo vuelven cuando el calendario nos regala un puente.
Defender León es trabajar más que parlar, es más tirar del arado que del clínex, es más arrimar el hombro que regatear en corto. Y si tan importante era expropiar el antiguo Luisón, que no niego que lo sea, alguien podría haberlo dicho en los años y años que estuvo el cartel de su venta acumulando mugre en lugar de armar la tremolina por el sindicato de la prisa cuando una pareja decide volver a su terruño e invertir todo lo que tiene en convertir una ruina en un negocio turístico. Y todo con la anuencia de los grupos políticos que hoy arman esa tremolina, porque lo de leer los papeles antes de votar las licencias de obras que se tramitan... Qué pereza, mejor lo dejamos ya para el siguiente mandato.
Defender León habría sido no olvidar aquella gran manifestación que me hizo pensar que aún había esperanza antes de que la puta pandemia nos borrara la poca memoria que nos quedaba y de que nos toreasen con una mesa cuyas posibilidades de éxito clamaban al vacío y levitaban sobre la nada. Tendrían que haberse reunido en una terraza de la calle Ancha, así al menos se habría quejado alguien, seguramente el hostelero por juntarle las mesas para aquella concurrida reunión de pastores.
Y defender León es blasfemar cuando pasan los años y los maestros del tilerismo estatal nos siguen tomando por tontos. La Ruta de la Plata, el lazo del Manzanal, Torneros, San Marcos, Feve... No sigo con el padrenuestro, pero siempre se puede ir más allá, porque de los creadores del estudio de viabilidad perpetuo llega ahora la «autorización de la modificación de los límites de gasto para adquirir compromisos con cargo a ejercicios futuros» a la hora de ampliar la base de la Brif de Tabuyo, tal y como publicitó hace ya un año el presidente aviador. Olé, con dos cojones y un palo.
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