Raúl Barrientos Antón

Decisiones coherentes, infraestructuras completas

27/01/2026
 Actualizado a 27/01/2026
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En un momento en el que los recursos públicos son necesariamente limitados, la calidad de la inversión resulta tan importante como su volumen. No se trata solo de cuánto se invierte, sino de cómo se prioriza, con qué coherencia y con qué visión de conjunto. Desde esta perspectiva, el aeropuerto de León ofrece una oportunidad clara para reflexionar sobre la eficiencia en la gestión de las infraestructuras estratégicas.

El aeropuerto es una infraestructura ya construida, con capacidad operativa y con un potencial contrastado. De hecho, en un contexto complicado para el tráfico aéreo en la autonomía (-31%), León ha registrado recientemente un crecimiento significativo del número de pasajeros (+19% en 2025), situándose como el aeropuerto con mayor actividad relativa. Este dato demuestra que existe demanda y margen de crecimiento cuando se ofrecen condiciones mínimamente estables y fiables.

Sin embargo, esta realidad contrasta con las limitaciones técnicas con las que continúa operando. La más conocida y repetidamente demandada es la ausencia del Sistema de Aterrizaje por Instrumentos (ILS), una ayuda de navegación de alta precisión que permite aterrizajes seguros incluso en condiciones de baja visibilidad, niebla o lluvia. Su falta ha provocado cancelaciones, desvíos y perjuicios directos a miles de pasajeros (unos 6.800 en 2025), además de generar desconfianza entre aerolíneas y usuarios.

El debate va más allá de una cuestión técnica y remite a la coherencia en las políticas de inversión. La Junta ha demostrado que es capaz de movilizar importantes recursos cuando identifica un territorio o un eje como estratégico. En determinadas provincias, las inversiones llegan acompañadas de planificación, estabilidad y de las infraestructuras necesarias para garantizar su funcionamiento pleno. Cuando existe una apuesta clara, ni iniciativa ni inversión se quedan a medias.

Esa misma lógica debería aplicarse también a las infraestructuras de conectividad. En León, pese al esfuerzo inversor ya realizado y a los datos que avalan su potencial, el aeropuerto continúa operando con carencias que no se corresponden ni con su importancia dentro de la comunidad ni con criterios básicos de eficiencia. No completar una infraestructura existente supone renunciar a maximizar su retorno social y económico, algo difícilmente justificable desde el punto de vista de la buena gestión pública. La ausencia del ILS se ha convertido así en algo más que una carencia técnica: es el reflejo de una prioridad que nunca termina de consolidarse. En otros territorios, dotaciones similares forman parte de un estándar básico. En León, siguen dependiendo de debates recurrentes y decisiones aplazadas, cuando su implantación permitiría mejorar la seguridad, la regularidad operativa y la confianza del sistema.

León solo reclama coherencia y sentido común. Hacer plenamente operativo el aeropuerto no exige grandes proyectos ni inversiones desproporcionadas, sino coordinación institucional y voluntad política para completar lo que ya existe. Extender una visión estratégica homogénea a todas las provincias no solo reforzaría la cohesión territorial, sino que permitiría invertir mejor. Y hoy, invertir mejor es una responsabilidad compartida.

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