Durante una comida, para celebrar las jubilaciones de unos compañeros por tierras de Guardo, tuve la suerte de compartir mesa y conversación con uno de esos profesores veteranos vocacionados. Es fácil descubrirlo en muy pocos minutos. Sus palabras miman los recuerdos. Le pregunté cuál era el mejor de ellos. Sin dudarlo eligió una experiencia en el servicio militar donde por su profesión le tocó en suerte enseñar a leer a un compañero recluta canario. Se humedecían sus ojos mientras relataba la experiencia,
Este año he podido comprender la emoción de mi colega. Es estimulante experimentar cómo evoluciona el balbuceante español de alumnos refugiados que llegan abrumados por la pesadumbre de un pasado abandonado precipitamente por el aldabonazo implacable de la guerra.
Al acabar una clase crepitaban nerviosos. La terminación de curso nos estresa a todos. Vemos el final cerca y la espera nos desespera por su tardanza. Les sugerí: «Pero bueno, siempre peleando, ¿por qué no habláis de cosas importantes, de la vida?». «¡Pero de qué vida, profe!,» replicó uno de ellos, de nacionalidad siria, al que llamaremos Ziad, en un castellano bastante nítido: «Tengo catorce años y no tengo dinero, ni problemas, ni trabajo». Su semblante era entre divertido y asertivo. Acababa de darme una lección.
Posteriormente, ese mismo día, en la hora de ELE (Enseñanza de Lengua Española) y puesto que era final de curso, les sugerí jugar al ahorcado. Ahora pienso en lo inoportuno del nombre y de la dinámica del juego, quizás habría que revisarlo. En ese juego deben pensar una palabra para que el resto de jugadores la adivinen. Cada letra fallada permite al que ha pensado la palabra ir construyendo un dibujo de un ahorcado por partes. Si no la sabes estás muerto porque si se producen muchos errores se completa el monigote colgante.
Le tocó escribir la palabra a Ziad, dibujó ocho guiones. Nos costó adivinar la palabra por inesperada.
Estaba contento, ha trabajado muy duro este curso sin desánimo y con coraje, ha acudido a las clases de apoyo que la Cruz Roja les ofrece como refuerzo.
Estas vacaciones irá a bañarse al río con su familia para sofocar los calores, los recursos no dan para mucho más. Sueña con comprarse algún día un coche, a ser posible un BMW. «¿Hay mucho BMW en Siria?», «Profe, allí casi nadie tiene coche ahora». Algún día tú tendrás uno si sigues estudiando con tanto empeño.
Seguro que Ziad mira a menudo al cielo. Quizá sí haya vida futura tras tanta locura sufrida.
Quizá por eso, él decidió elegir para su juego la palabra ‘estrella’ sobre los guiones vacíos.
Y quizá por ello fuimos salvados de la horca. Porque entre todos conseguimos adivinarla.